El filósofo David Pastor Vico ha hecho un llamado urgente sobre los efectos dañinos del individualismo radical en nuestra sociedad. En una reciente entrevista, subrayó que este fenómeno no solo repercute en el bienestar psicológico, sino que también desencadena procesos biológicos que pueden llevar a enfermedades y un envejecimiento acelerado.
Vico, de 48 años, se ha convertido en una figura cultural notable, llenando auditorios con sus reflexiones sobre la ética en un mundo cada vez más digital. Su obra más reciente, «Era de idiotas», aborda cómo el individualismo extremo se manifiesta como una patología social que socava tanto la convivencia como la salud mental colectiva.
El filósofo recurre al término griego «idiotez» para describir el comportamiento de aquellos que se desentienden de lo común y se encierran en sus intereses personales. «El individualista, el idiota, dinamita la posibilidad de felicidad de la sociedad», afirmó, destacando que el aislamiento no es una elección inocente, sino una forma de empobrecimiento moral compartido.
Vico lamenta que la desconexión social se manifieste en situaciones cotidianas. «Nos hemos dividido tanto que ya no sabemos con quién compartimos el ascensor», señala. Para él, esta separación daña los lazos de confianza y cooperación que son esenciales para cualquier comunidad saludable.
La neurociencia y la soledad
La perspectiva de Vico encuentra respaldo en estudios recientes de neurociencia. Investigaciones lideradas por la científica Kay Tye del Instituto Salk han demostrado que la soledad activa en el cerebro los mismos circuitos que el hambre. Este hallazgo plantea la pregunta de si las personas solitarias anhelan interacciones sociales con la misma intensidad con que una persona hambrienta busca comida, a lo que los experimentos han respondido afirmativamente.
La privación social no solo genera malestar emocional, sino que también puede llevar a graves deterioros en la salud física y mental. La neurocientífica Katherine Peters advierte que la soledad puede «apagar las neuronas de dopamina», lo que a su vez desactiva el sistema de recompensa y facilita procesos relacionados con la depresión y el deterioro cognitivo.
Factores protectores en España
A pesar del diagnóstico sombrío, España presenta ciertos factores protectores. El neurocientífico Bryan Strange resalta la existencia de «superenvejecedores», personas mayores cuyos cerebros funcionan a niveles óptimos, lo que se asocia a una cultura de contacto social frecuente. Según datos recientes, solo el 2,2% de la población española se siente aislada, en comparación con el 6% de la media europea.
En resumen, David Pastor Vico resume su visión con una cita aristotélica: «Sin amigos no merece la pena vivir. La ética es el arte de aprender a vivir bien». La neurociencia respalda esta afirmación, recordando que los seres humanos estamos diseñados para establecer vínculos sociales, y ignorar esta necesidad puede resultar en una lenta autodestrucción social.











