El 8 de febrero, el PSOE de Aragón sufrió un duro revés en las urnas, un resultado que pocos consideraron sorprendente. Su candidata, Pilar Alegría Continente (nacida en La Zaida en 1977), dejó atrás su papel como ministra justo al finalizar su última rueda de prensa como portavoz del Gobierno de España. Con una campaña centrada en la cercanía y el carisma de una mujer «de pueblo», Alegría intentó cambiar la percepción negativa reflejada en las encuestas.
Como primera ministra en adoptar la estrategia política del presidente Pedro Sánchez, que designaba a los miembros del Consejo de Ministros como cabezas de lista en las elecciones autonómicas, su figura era conocida en la política española. Sin embargo, esta notoriedad no se tradujo en un éxito electoral. Tras alcanzar la cúspide de la política en España y convertirse en la primera ministra de Aragón, Alegría se embarcó en un recorrido por diversos pueblos aragoneses, intentando presentarse como una mujer normal, accesible y cálida, en un esfuerzo por contrarrestar las críticas que la etiquetaban como «mentirosa» o «portavoz de las mentiras de Sánchez».
Madre y maestra de Educación Primaria, Alegría es también una militante socialista con casi 20 años de trayectoria. Fue diputada en el Congreso a los 31 años y asumió responsabilidades en Ferraz, bajo la tutela de Marcelino Iglesias, expresidente de Aragón. Ahora, se prepara para liderar la oposición frente a Azcón.
Su carrera política dio un giro significativo cuando decidió separarse de la federación aragonesa dirigida por Javier Lambán. Manifestó su intención de crear sus propias listas para postularse a la Alcaldía de Zaragoza, y al no alcanzar un acuerdo con la federación provincial y autonómica, optó por buscar apoyo en la Federal. Este acto de desobediencia hacia la jerarquía aragonesa le generó rencores que han perdurado a lo largo de los años. Con una ambición clara y firme en sus convicciones, Alegría se posicionó en contra de su propio partido en la región, creando una división que ha persistido mientras ella ascendía en el ámbito nacional.
El reciente resultado electoral podría reabrir viejas heridas en su relación con el partido en Aragón. Ahora, con un año por delante para establecer su liderazgo, se enfrenta al reto de gestionar el futuro de una formación que se considera «nacida para gobernar». A pesar de las dificultades, Alegría se compromete a permanecer en Aragón «sí o sí».








