El uso de la tribuna del Congreso de los Diputados ha evolucionado de ser un espacio de debate institucional a convertirse en un escenario donde se atacan y se promocionan medios de comunicación. Esta tendencia ha sido especialmente evidente en la intervención reciente de Pedro Sánchez, quien dirigió sus críticas directamente hacia Iker Jiménez y su programa Horizonte.
Durante su discurso, el presidente del Gobierno acusó al programa de contribuir a un «patrón de desinformación» y de ser responsable de la difusión de bulos. Este ataque resulta sorprendente, considerando que el programa de Jiménez no es el líder de audiencia en su franja horaria. A diferencia de sus predecesores, que solían criticar a los medios en entrevistas fuera del Congreso, Sánchez ha optado por personalizar su ataque desde la tribuna, marcando así un cambio en la estrategia comunicativa de la política española.
A lo largo de la historia, los presidentes del Gobierno han mantenido cierta distancia institucional en sus confrontaciones con la prensa. Por ejemplo, Felipe González criticaba a periodistas como Pedro J. Ramírez o Luis María Anson en foros externos, mientras que José María Aznar delegaba las críticas al Grupo Prisa en su vicepresidente Álvarez Cascos. Sin embargo, Sánchez ha decidido romper con esta tradición.
El fenómeno de señalar a periodistas por su nombre ha aumentado en la última década, especialmente con la aparición de nuevos partidos políticos como Podemos y Vox, que han atacado a figuras mediáticas acusándolas de mentir o de actuar como una «Gestapo» de la verdad. Lo que destaca en el caso actual es que el propio presidente asuma el papel de inquisidor desde el estrado parlamentario, una táctica que ha sido comparada con la retórica de líderes como Donald Trump en contra de los medios de comunicación.
Este ataque no solo socava la credibilidad de Jiménez, sino que, irónicamente, le proporciona una visibilidad mediática inesperada. En el pasado, los presidentes del Congreso llamaban al orden cuando se atacaba a personas que no podían defenderse. Sin embargo, lo que antes era considerado un abuso se ha normalizado, convirtiéndose en una práctica común.
La intervención de Sánchez ha disparado el ego del presentador de Horizonte, lo que demuestra que, en ocasiones, las críticas provenientes del poder pueden funcionar como una campaña publicitaria involuntaria.





