miércoles, 11 de febrero de 2026

Las derrotas de Pedro Sánchez y el ascenso de Vox en Aragón

Pedro Sánchez sigue aferrado al poder mientras Vox gana terreno en las elecciones.

Poco después de las elecciones autonómicas en Extremadura, se reafirma la idea de que el muro es un coladero, como se evidenció en los resultados de las recientes elecciones en Aragón. La principal fuerza que impulsa a Vox no es su directiva, que parece confusa y contradictoria, ni su programa, sino su mayor adversario: Pedro Sánchez.

Si hubiera un cambio en la dirección política del país, como la salida de Sánchez de la Moncloa, es probable que el apoyo a Vox disminuyera notablemente. Esto se debe a que una parte significativa del electorado conservador y centrista, que no necesariamente se alinea con la extrema derecha, siente afinidad por Vox simplemente porque Sánchez se presenta como su enemigo.

Es evidente que hay un sector creciente de la población que rechaza a Sánchez y lo que representa. Este electorado opta por quienes el presidente considera sus rivales, adoptando la lógica de que «los enemigos de mis enemigos son mis amigos». Así, mientras algunos votan a Vox por aversión a Sánchez, otros lo hacen por temor a Vox.

Pedro Sánchez, consciente de sus continuas derrotas electorales, se aferra al poder. Después de fracasos significativos en Galicia, Extremadura y Aragón, parece estar en una posición donde las derrotas no lo sacan del cargo. Esto, que podría considerarse una victoria pírrica, se traduce en que toma como propias las victorias electorales de Vox.

Resulta desconcertante que Vox genere más temor que otros partidos como Bildu o Podemos, que apoyan el gobierno de Sánchez. A pesar de sus escándalos y derrotas, Sánchez sigue en la Moncloa, lo que sorprende dada la gestión de su Gobierno, que ha estado marcada por la incompetencia.

Desde la gestión de la pandemia hasta la falta de respuesta ante desastres naturales, el Gobierno de Sánchez ha sido criticado por su incapacidad. La respuesta a la crisis de la vivienda ha sido igualmente deficiente, con un incremento de precios y alquileres que ha hecho inaccesible este derecho fundamental para muchos jóvenes y familias.

La situación se ha agravado con el escándalo ferroviario, que ha puesto en evidencia la corrupción y la mala gestión en el Ministerio de Transporte. A pesar de que estos problemas han tenido consecuencias trágicas, el Gobierno sigue presentándose como el defensor de los derechos de la ciudadanía, lo que resulta irónico y decepcionante.

A pesar de todo, un porcentaje considerable del electorado aragonés aún apoya a los partidos que forman el abigarrado mosaico del sanchismo, aunque se ha perdido parte del apoyo en los últimos meses. La pregunta que surge es si el PP logrará capitalizar esta impopularidad del Gobierno de Sánchez.

El miedo a Vox, que aún persiste en ciertos sectores de la población, podría complicar cualquier intento de oposición efectivo. Mientras tanto, Sánchez sigue en su línea, sin mostrar intención de dejar la Moncloa, lo que deja un futuro incierto para la política española.

Redacción

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