lunes, 23 de febrero de 2026

La historia de la paz: un relato olvidado en la narrativa bélica

La paz ha sido invisibilizada en la historia, dominada por la violencia

La forma en que se narra la historia suele estar dominada por la violencia, lo que oculta otras realidades como la paz. A pesar de que hay convivencia, negociación y resistencia civil, se ha aceptado la premisa de que la violencia es el eje central del relato histórico. Las guerras y los imperios son los protagonistas, mientras que la paz se presenta como un vacío o una aspiración moral sin sustancia histórica.

Este enfoque no es inocente; al normalizar la violencia y relegar la paz a un segundo plano, se perpetúa un mundo desigual y jerárquico. La narrativa histórica se ha construido desde la perspectiva de aquellos que poseen ejércitos y estados, dejando de lado las experiencias y luchas de las comunidades que buscan formas de convivencia más pacíficas.

La paz no debe considerarse simplemente como la ausencia de guerra. Esta definición negativa ha limitado nuestra comprensión, ya que la paz es una construcción activa que se disputa y defiende. No genera desfiles militares, pero es un proceso complejo que requiere esfuerzo y compromiso. Sin embargo, suele ser ignorada porque sus huellas son más sutiles, como acuerdos informales y prácticas de cuidado.

Reflexionar sobre la historia desde la paz implica reconocer que el conflicto humano no siempre desemboca en violencia. Las tensiones sociales, ya sean de clase, género o raza, han sido gestionadas sin recurrir a la destrucción. La noviolencia, un concepto a menudo desestimado, ha sido utilizada como una herramienta eficaz por aquellos que enfrentan a los poderosos, demostrando que es posible llevar a cabo luchas sin aniquilar al adversario.

La historia de la paz es diversa y compleja. Existen múltiples formas de paz: algunas idealizadas, otras institucionales y algunas más precarias, que coexisten y se contradicen entre sí. Esta multiplicidad debe ser reconocida para entender la paz en su totalidad y no reducirla a una única definición. Escribir sobre la paz también implica cuestionar estructuras de poder que han perpetuado la violencia, como el imperialismo y el capitalismo autoritario.

Aceptar que la violencia no es inevitable y que ha habido alternativas a lo largo de la historia es fundamental para desmantelar el fatalismo que nos dice que «el mundo siempre ha sido así». Reconocer la paz como un elemento central de la historia nos permite imaginar futuros diferentes y trabajar hacia ellos. La humanidad ha encontrado formas de limitar y contener la violencia, y al recuperar esa historia, podemos abrir la puerta a nuevas posibilidades.

Mario López Martínez no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

Redacción

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