El PSOE tiene la capacidad de detener el avance de Vox, pero hasta ahora ha demostrado falta de voluntad para hacerlo. En un contexto donde la política española se enfrenta a una creciente deriva reaccionaria, los socialistas podrían reafirmar su posición central. Sin embargo, su respuesta ha sido insuficiente, lo que podría afectar gravemente la calidad cívica de nuestra democracia.
Los partidos en el gobierno parecen desorientados al tratar de confrontar la atracción que Vox ejerce sobre ciertos segmentos de la población. El PP, en un estado de confusión, ha aceptado esta influencia como una realidad inevitable, sin poder o querer detenerla. Su obsesión por deshacerse de Pedro Sánchez ha llevado a una falta de un proyecto de país claro, lo que propicia el crecimiento de la extrema derecha representada por Santiago Abascal.
Es cierto que en la Comunidad de Madrid, donde el PP cuenta con un sólido apoyo económico y una mayoría destacada, su estrategia parece estar dando frutos. Sin embargo, a nivel nacional, los retos son diferentes y el PSOE no ha logrado adaptarse a esta nueva realidad. La ausencia de un «proyecto con vocación mayoritaria» ha sido un tema recurrente, especialmente tras las declaraciones de Felipe González en el Ateneo, donde instó a la formación a reconsiderar su enfoque.
Los socialistas han reaccionado de manera defensiva ante las críticas, lo que ha resultado en una oportunidad perdida para reconectar con el legado del felipismo y, por ende, con su espacio natural en el centro del espectro político. La reconstrucción del partido, especialmente en regiones como Castilla y León, se vuelve urgente a la luz de los resultados recientes en Extremadura y Aragón, donde la presencia de Vox ha crecido notablemente.
El discurso de Vox resuena entre aquellos ciudadanos que sienten que las políticas actuales no mejoran su calidad de vida. Este sentimiento de abandono es algo que el PSOE no ha sabido canalizar adecuadamente, y la estrategia de enviar exministros como solución no ha demostrado ser efectiva. Por otro lado, la regularización de inmigrantes, una medida necesaria tanto por razones humanas como económicas, tampoco se ha enmarcado dentro de un proyecto claro que hable al ciudadano común.
El desafío de cómo abordar la política migratoria y la relación con Vox sigue siendo un tema complicado para el PSOE. Es vital que el partido socialista se comprometa a frenar el avance de la extrema derecha, ya que su éxito no solo afectaría al panorama político, sino también a la cohesión social y la democracia en España.





