El postsanchismo ya se ha instaurado en el panorama político español. Pedro Sánchez, a pesar de sus afirmaciones de que se presentará nuevamente, es consciente de que su reinado está llegando a un final, independientemente de cuánto se prolongue. Esta realidad es compartida por sus cada vez más numerosos críticos internos, quienes, en privado, plantean que el mejor camino para el partido sería que Sánchez no se presentara a las próximas elecciones generales. La situación ha llevado a movimientos apresurados entre sus aliados, tratando de consolidar un frente de izquierdas en un momento de creciente desilusión.
Las declaraciones recientes de varios miembros del PSOE son reveladoras. Algunos sostienen que solo hay una oportunidad de revitalizar el partido si se establece una opción plurinacional de Sumar y si Sánchez decide dar un paso atrás. En un clima de incertidumbre y desánimo, la respuesta del presidente a los rumores de su posible retirada se presenta como una estrategia para contener las voces críticas que claman por un cambio.
La reciente declaración de Felipe González sobre su decisión de no votar al PSOE en los próximos comicios ha exacerbado la inquietud dentro del partido. A medida que se acercan las elecciones municipales y autonómicas de 2027, los veteranos del partido advierten que, si no se anticipan los comicios, serán los líderes locales quienes sufran las consecuencias de la caída del sanchismo.
Numerosos miembros del partido consideran que Sánchez debería actuar con prudencia y permitir que el PSOE se recupere antes de enfrentar a las urnas nuevamente. Sin embargo, su mandato ha estado marcado por la habitual postergación de elecciones, un patrón que ha desatado críticas y desconfianza entre sus bases.
Los acontecimientos de esta semana han dejado claro que el PSOE está en un estado crítico. Con un panorama lleno de escándalos y la posibilidad de juicios que podrían afectar a líderes clave, el partido se encuentra en una encrucijada. La caída del director adjunto operativo de la Policía Nacional, un aliado de Sánchez, ha sido interpretada como un síntoma del desmoronamiento de su liderazgo.
A medida que se intensifican las luchas internas, las aspiraciones y temores de los miembros del partido se hacen más evidentes. Algunos comienzan a buscar alternativas profesionales mientras otros se preparan para lo que podría ser el inicio de una nueva etapa en la política española, una era que ya se está perfilando como el postsanchismo.
Las palabras de mis fuentes en el PSOE reflejan la preocupación generalizada: «El postsanchismo ya ha comenzado». A medida que la situación se deteriora, la única certeza es que la lucha por el futuro del partido apenas comienza.





