La situación en Ucrania ha cambiado drásticamente desde el inicio de la invasión a gran escala por parte de Rusia hace cuatro años. En el suburbio de Saltivka, en Járkov, el tiempo parece haberse detenido. Los edificios presentan daños visibles, con fachadas deterioradas y ventanales rotos. A pesar de que los ataques aéreos han disminuido, solo un tercio de los residentes ha regresado a sus hogares. Iryna Moroz, una comerciante local, relata su experiencia: «Me marché seis meses al inicio de la invasión para proteger a mis hijos. Al volver, esto parecía Chernobyl.»
La percepción de la guerra ha evolucionado entre los ucranianos. Cada vez más personas están dispuestas a considerar concesiones territoriales a cambio de un acuerdo de paz. Sin embargo, esta idea genera divisiones, ya que muchos temen que Rusia vuelva a atacar. Elena Kovalenko, compañera de Iryna, menciona el impacto personal de la guerra, que le costó su negocio y a su familia: «La guerra ha roto muchas familias. Renunciaría a Donetsk y Lugansk por la paz. No quiero que mis hijos crezcan en este conflicto.»
La guerra contra Ucrania no comenzó en 2022, sino en 2014, cuando Rusia ocupó Crimea y parte del Donbás. Hablar del precio de la paz en Ucrania se ha vuelto un tema delicado, dado el evidente sufrimiento que ha causado. La pérdida de vidas, la devastación de ciudades y el desplazamiento de millones son solo algunos de los costos visibles. Mientras tanto, Vladimir Putin no ha logrado sus objetivos iniciales, ya que la invasión no se completó en tres días como esperaba.
Desde que comenzó el conflicto, la opinión pública ha cambiado. Según encuestas recientes, más del 70% de los ucranianos estarían dispuestos a aceptar la congelación de la línea del frente, siempre que se garantice la seguridad y se contemple la entrada de Ucrania en la Unión Europea. Anton Grushetskyi, director del Instituto Internacional de Sociología de Kiev, destaca que la confianza en Rusia es mínima y que las condiciones de un posible acuerdo son complicadas. «No se trata solo de Putin, sino de una narrativa más amplia que persiste entre los rusos», señala.
En la actualidad, muchos ucranianos se muestran escépticos sobre las negociaciones de paz. La idea de ceder territorio para detener la guerra provoca reacciones intensas. Lilia Miliyenko, una comerciante de ropa militar en Kiev, expresa su dolor: «Daría mi vida por la paz, pero no puedo aceptar ceder un centímetro de nuestro territorio tras todo lo que hemos sacrificado.» La lucha por la identidad nacional y la supervivencia continúa, mientras la búsqueda de la paz se enfrenta a enormes desafíos.





