El pasado 9 de febrero, un grupo de exiliados nicaragüenses se congregó en Madrid para recordar el tercer aniversario de su forzado destierro hacia Estados Unidos. Este encuentro se produce en un contexto de creciente tensión entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el régimen de Daniel Ortega, especialmente tras la reciente expulsión del embajador nicaragüense de España.
El evento, celebrado en la Casa de América, incluyó la proyección del documental «Operación Guardabarranco», que narra los detalles del exilio de 222 presos políticos nicaragüenses. La relación entre España y estos exiliados es fundamental; de hecho, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, les ofreció la nacionalidad española inmediatamente después de su llegada a Washington.
Los exiliados fueron despojados de su nacionalidad por un juez afín al régimen de Ortega, quien también confiscó sus propiedades y pensiones. Ante esta situación, los nicaragüenses presentes en el coloquio buscan visibilizar su situación y demandar cambios en su país. «Ortega me quitó todo», lamentó uno de ellos, quien ahora se enfrenta a la vida en un nuevo país.
El documental refleja momentos críticos, desde la detención de los opositores hasta su llegada a Estados Unidos, utilizando imágenes de archivo y testimonios impactantes. El sacerdote Yubrank Suazo, uno de los exiliados, recordó el dolor de despedirse de su hogar, consciente de que no volvería a ver a sus padres.
Otros testimonios, como el de Evelyn Pinto, quien fue arrestada a los 62 años, evidencian la represión que sufren aquellos que alzan la voz contra el régimen. «Me detuvieron mientras veía Netflix», contó Pinto, reflejando el absurdo de su encarcelamiento bajo la acusación de «desórdenes en la vía pública».
Las atrocidades sufridas por los opositores durante su detención son evidentes en las imágenes del documental. La violencia desatada por el régimen de Ortega ha sido brutal, afectando a sacerdotes, activistas y periodistas. Entre los 222 exiliados, algunos han perdido la vida en circunstancias trágicas.
El exiliado Irving Larios mencionó que la persecución del régimen se ha intensificado, llevando a la muerte de opositores en el extranjero. «Nos están persiguiendo por todo el mundo», advirtió Larios, quien ahora busca trabajo en España tras haber pasado más de dos años en Estados Unidos sin poder regularizar su situación.
La joven Samantha Jirón, la presa política más joven de Nicaragua, compartió su experiencia tras haber sido encarcelada a los 21 años. A pesar de las dificultades, se encuentra estudiando periodismo en la Universidad Complutense de Madrid y agradece la nacionalidad española recibida.
La llegada de estos nicaragüenses a España ha sido facilitada por diversas organizaciones, y el Gobierno español ha comenzado a implementar programas de apoyo para su integración. La comunidad nicaragüense en el exilio espera que la atención internacional contribuya a un cambio en su país.
La situación en Nicaragua sigue siendo crítica, con Ortega encarcelando a cualquiera que se oponga a su régimen. La lucha por la libertad y la dignidad de los nicaragüenses continúa desde la diáspora, donde esperan que su historia no caiga en el olvido.













