En Ucrania, el invierno se ha convertido en un campo de batalla no solo para los soldados, sino también para los operarios civiles que trabajan incansablemente para restaurar el suministro de energía. Con temperaturas que alcanzan los 20 grados bajo cero, estos trabajadores se enfrentan a condiciones extremas mientras intentan reparar la red eléctrica devastada por los bombardeos rusos.
Desde enero, Rusia ha intensificado sus ataques contra las infraestructuras energéticas, dejando a más de un millón de hogares sin electricidad y miles sin calefacción. En ciudades como Kiev, los apagones son frecuentes, y muchos residentes solo disfrutan de unas pocas horas de luz al día. Esta situación crítica ha forzado a la población a buscar refugios térmicos, donde se agrupan para escapar del frío.
Taras, un jefe de equipo de la empresa DTEK, comparte su experiencia: «No tengo un horario fijo. He llegado a trabajar turnos de 36 horas seguidas para poder restablecer el suministro». Las jornadas son largas y peligrosas, y los operarios son conscientes de los riesgos. El mes pasado, un compañero falleció electrocutado mientras trataba de reparar una subestación en condiciones similares.
A pesar del agotamiento y el peligro constante, estos trabajadores no se rinden. La falta de un horario fijo y la acumulación de daños en la red eléctrica hacen que su labor sea cada vez más desafiante. «La red no está preparada para funcionar en estas condiciones», advierte un ingeniero de DTEK, mientras trabaja en el centro de Kiev.
La situación se ha vuelto tan crítica que se ha declarado el estado de emergencia. Las autoridades han habilitado cientos de refugios térmicos, conocidos como «puntos de invencibilidad», donde los ciudadanos pueden recargar sus dispositivos móviles y recibir comida caliente. Sin embargo, la demanda supera la oferta, y muchos ciudadanos deben lidiar con la escasez de recursos.
Desde que comenzaron los bombardeos sistemáticos en otoño de 2022, la infraestructura crítica de Ucrania ha sido severamente dañada. En 2025, el número de ataques se disparó, causando que la red eléctrica se redujera a menos del 50% de su capacidad. La comunidad internacional, aunque preocupada, ha mostrado una respuesta limitada ante esta crisis humanitaria.
Con cada nuevo ataque, la situación se vuelve más insostenible. Mientras tanto, en las redes sociales, los ucranianos comparten memes y videos que reflejan su resistencia y su ingenio para adaptarse a la adversidad. «Estamos viviendo el invierno más duro de nuestras vidas», dice Taras, mientras continúa su labor en medio del frío y la incertidumbre.
La lucha de estos operarios civiles es un testimonio de la resiliencia ucraniana. Aunque enfrentan un enemigo formidable, su determinación y esfuerzo diario son un símbolo de la resistencia del pueblo frente a la adversidad, demostrando que no se rinden a pesar de las circunstancias más difíciles.





