El reciente discurso de Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, ha resonado con fuerza en un contexto europeo que, a menudo, ignora o minimiza las voces provenientes de Washington. En su intervención, Rubio presentó una serie de propuestas que abordan la defensa de la soberanía nacional, la identidad cultural y la protección de Occidente, pilares que han sido debilitados en las últimas décadas por las políticas de izquierda y la burocracia europea.
Rubio realizó un análisis profundo de los desafíos que enfrenta Occidente, destacando la desconexión de las élites políticas con los intereses reales de sus ciudadanos. En este sentido, se refirió a la crisis migratoria, advirtiendo que «en la búsqueda de un mundo sin fronteras, abrimos nuestras puertas a una ola sin precedentes que amenaza la cohesión de nuestras sociedades, la continuidad de nuestra cultura y el futuro de nuestros pueblos».
El canciller estadounidense reconoció que «cometimos estos errores juntos. Y ahora, juntos, le debemos a nuestro pueblo afrontar esos hechos y seguir adelante». Criticó la actitud de la Unión Europea hacia potencias que se oponen al orden occidental y las restricciones que afectan a la industria y al sector primario, resultado del dogmatismo que persiste en las viejas instituciones internacionales.
Rubio propuso un cambio fundamental en la forma en que se aborda el orden mundial, instando a Europa a reconocer la realidad actual y a dejar atrás un enfoque que ha puesto en riesgo la prosperidad tanto de Estados Unidos como de Europa. Afirmó que las potencias rivales han fortalecido sus economías sin preocuparse por consideraciones ajenas a sus propios intereses.
El secretario de Estado también hizo hincapié en la importancia de una alianza entre Estados Unidos y Europa, basada en un legado común que se remonta a las raíces europeas de la nación estadounidense. «Somos hijos de Europa», afirmó, recordando la influencia histórica de España en la construcción de Estados Unidos.
En su discurso, Rubio subrayó la necesidad de que los aliados europeos se sientan orgullosos de su cultura y herencia, y estén dispuestos a defenderla junto a Estados Unidos. La intervención de Rubio fue recibida con un largo aplauso por los mandatarios europeos presentes, lo que sugiere que su mensaje resonó profundamente.
Es de esperar que este gesto simbólico se traduzca en decisiones concretas que permitan a Estados Unidos y Europa avanzar juntos hacia un futuro que devuelva a sus ciudadanos una identidad compartida y fortalecida.





