En los últimos años, Dinamarca ha implementado un modelo migratorio que ha atraído la atención internacional por su carácter restrictivo. La historia de Sade, un inmigrante somalí, ilustra la difícil situación de muchos que buscan asilo en Europa. Sade, quien llegó a Europa hace más de una década, ha vivido como inmigrante irregular y ha puesto su esperanza en cruzar al Reino Unido.
En la actualidad, miles de personas se encuentran en la denominada «jungla» de Calais, Francia, esperando su turno para cruzar el Canal de La Mancha. Muchos, como Sade, han recorrido un largo camino desde su país de origen, enfrentándose a diversas dificultades en su búsqueda de un mejor futuro. Sade, que ha probado suerte en varios países europeos, relata cómo su experiencia en Copenhague no fue la esperada, a pesar de haber aprendido danés y haber intentado regularizar su situación.
Desde 2014, las políticas migratorias danesas han cambiado drásticamente. Durante la crisis de refugiados de 2015 y 2016, Dinamarca recibió a un número significativo de solicitantes de asilo, especialmente refugiados sirios. Sin embargo, la llegada de estos inmigrantes provocó un cambio en la percepción pública y política hacia la inmigración, con el surgimiento de partidos como el Partido Popular Danés, que promovieron un discurso antiinmigración.
En este contexto, el partido en el Gobierno, Venstre, comenzó a aplicar políticas más restrictivas. Las solicitudes de asilo han disminuido en un 90% en la última década, según datos de Eurostat. Esta tendencia ha llevado a que otros países de la Unión Europea miren a Dinamarca como un modelo a seguir en la gestión de la inmigración.
Bajo el gobierno de la socialdemócrata Mette Frederiksen, las políticas migratorias no solo se han mantenido, sino que se han endurecido aún más. La creación de la Agencia Danesa de Retorno ha facilitado el proceso de repatriación de personas cuyo asilo ha sido rechazado. En este sentido, el centro de Sjaalsmark se ha convertido en un lugar donde muchos esperan su futuro incierto.
Las condiciones en estos centros son complicadas. Los testimonios de los residentes revelan que la vida diaria está marcada por la falta de recursos, mala alimentación y condiciones de vida precarias. A pesar de esto, algunos refugiados, como los provenientes de Ucrania, han encontrado un trato más favorable, lo que ha creado un sentimiento de injusticia entre otros solicitantes de asilo.
La situación de migrantes como Seydou, un senegalés que también busca asilo en Dinamarca, refleja la realidad de muchos jóvenes que han dejado sus países en busca de un futuro mejor. Seydou, que llegó a Europa tras un largo y peligroso viaje, se enfrenta a la misma traba: el Reglamento de Dublín, que limita sus posibilidades de solicitar asilo en Dinamarca.
Las políticas danesas han influido en el futuro del debate migratorio en Europa. A medida que otros países, incluido el Reino Unido, imitan estas medidas, el panorama migratorio en la UE se torna cada vez más restrictivo. La presión sobre los puntos de entrada, como Calais, continúa creciendo, y muchos migrantes se ven obligados a arriesgar sus vidas en el intento de alcanzar sus destinos soñados.











