El consumo de legumbres en España se encuentra por debajo de las recomendaciones de la ONU, que sugieren un mínimo de 7 kilos por persona al año. Estos alimentos, que son ricos en proteína vegetal y fibra, ofrecen una alternativa sostenible, ya que requieren menos agua para su cultivo y enriquecen el suelo. Sin embargo, el tiempo prolongado de cocción ha sido un obstáculo significativo para su inclusión en la dieta diaria.
La FAO ha comenzado a desarrollar nuevas variedades de legumbres que requieren menos tiempo de cocción, así como productos semiprocesados que solo necesitan hervirse. Esto responde a la tendencia actual en la que las personas buscan soluciones rápidas en su alimentación. Según Teodardo Calles, oficial de Agricultura de la FAO, la falta de consumo de legumbres se debe en gran parte a la percepción de que su preparación es demasiado prolongada.
En un foro reciente celebrado en Valladolid, bajo el lema «Las legumbres del mundo. De la modestia a la excelencia», expertos del sector subrayaron la necesidad de resaltar las cualidades de las legumbres. El chef Luis Lera compartió su experiencia sobre cómo, en el pasado, llevar lentejas a un evento era considerado poco sofisticado, mientras que hoy en día son un elemento común en los menús de muchos restaurantes españoles.
Castilla y León, que representa el 38% del cultivo nacional de legumbres, ha visto un aumento en la producción de estos alimentos. Con más de 164.000 hectáreas dedicadas a su cultivo, se produjo cerca de 200.000 toneladas en la última campaña. Este aumento en la presencia de legumbres en la gastronomía española es una respuesta positiva ante la necesidad de adaptar los hábitos alimenticios a una sociedad que prioriza la rapidez y la eficiencia.
La promoción de las legumbres no solo busca incrementar su consumo, sino también fomentar una dieta más equilibrada que complemente las proteínas animales con opciones vegetales. De esta manera, se espera que las legumbres desempeñen un papel importante en la nutrición de la población, contribuyendo al objetivo de hambre cero que promueve la FAO.
A medida que el mercado de las legumbres cocidas crece, la esperanza es que con el tiempo se logre cambiar la percepción de estos alimentos, superando su asociación con la modestia y reconociendo su valor nutricional y su papel en un futuro más sostenible.





