En la curva de Guindibó, ubicada en Santa Cruz de Montaos (Ordes), se encuentra Elvira, una vendedora de grelos de 86 años que no duda en afirmar que sus productos son «los mejores del mundo». Esta misma afirmación la hace Celsa, quien se encuentra apenas a 30 metros en dirección a Santiago. A cuatro kilómetros de allí, Aurora también elogia la calidad de su verdura en Deixebre (Oroso).
El fenómeno de las vendedoras de grelos no se limita a estas tres mujeres. A lo largo de los doce kilómetros que componen la carretera Nacional 550 entre Sigüeiro y Ordes, se puede encontrar a más de una docena de vendedoras que también presumen de la calidad de sus grelos, convirtiendo esta ruta en un auténtico destino para los amantes de esta verdura rica en vitamina K.
La pasión de estas mujeres por su producto es evidente en cada uno de sus elogios. Elvira, con su amplia experiencia, comparte su conocimiento y amor por esta verdura que forma parte de la cultura gallega. Sus palabras no solo reflejan un orgullo local, sino también un compromiso con la tradición agrícola de la región.
La carretera N-550, conocida como la ruta del grelo, se ha convertido en un símbolo de la riqueza agrícola de Galicia. Las vendedoras, como Elvira, Celsa y Aurora, no solo ofrecen un producto, sino que también representan un legado cultural que perdura a lo largo de los años.
Así, el grelo no es solo un alimento; es un símbolo de identidad y resistencia, un producto que une a las comunidades a lo largo de esta carretera emblemática.














