La manicura rusa ha revolucionado el cuidado de las uñas, ganando popularidad tanto entre profesionales como entre clientas. Esta técnica, que no realiza milagros pero casi, se caracteriza por prolongar la duración del esmalte, mejorar la salud de la uña natural y proporcionar un acabado tan pulido que parece digital. Según Gregsa Núñez García, directora del centro Bliss Estética, «se trata de un método muy preciso dedicado al cuidado profundo de la uña natural y la cutícula».
A diferencia de la manicura tradicional, la rusa se lleva a cabo sin agua, lo que evita que la uña se hinche y permite trabajar sobre su estructura real. El uso de herramientas de alta precisión, como un torno eléctrico y fresas específicas, permite tratar la cutícula con un nivel de detalle imposible de conseguir con utensilios convencionales. «No se arranca la cutícula, se perfila con exactitud milimétrica», aclara Aude Peyrefiche, directora nacional de Vitry España.
La manicura rusa, al ejecutarse en seco, mejora la adherencia del esmalte y alarga su duración. «El acabado es mucho más pulido y limpio, y permite que el esmalte luzca mejor durante más tiempo», afirma Núñez. Además, la cutícula no se corta agresivamente, sino que se trabaja con precisión controlada. Las herramientas deben ser de calidad, con puntas alineadas a mano para un corte limpio sin dañar la piel.
A pesar de su apariencia sofisticada, esta técnica no requiere un gran desembolso económico. En lugares como Bliss Estética, el precio comienza en 20 euros e incluye el esmaltado semipermanente. «Si la clienta desea una decoración más elaborada, hay un suplemento, pero siempre mantenemos precios accesibles para garantizar que una manicura cuidada y de calidad esté al alcance de todos», detalla Núñez.
Una de las principales ventajas de la manicura rusa es la limpieza milimétrica que proporciona, resultando en una superficie sin rebordes ni pieles, donde el esmalte se aplica de manera uniforme y sin marcas visibles. Además, el uso de herramientas específicas, como limas de cristal, no solo mejora el resultado inmediato, sino que también protege la salud de la uña a largo plazo.
El protocolo de preparación es tan importante como el esmaltado en sí. Una uña bien preparada se mantiene bonita durante más tiempo, lo que incluye el uso de activos como el silicio orgánico que ayudan a evitar microfisuras. Cuando se llega al momento de esmaltar, elegir correctamente la fórmula es clave. Las lacas «free», que eliminan ingredientes potencialmente sensibilizantes, están cobrando protagonismo en la manicura rusa, especialmente en uñas finas o pieles sensibles.
Después de la manicura, el cuidado no debe detenerse. La correcta retirada del esmalte es crucial para mantener la salud de la uña. Un quitaesmalte suave que contenga ingredientes hidratantes, como el aceite de almendra dulce, es ideal para proteger la queratina natural y evitar la deshidratación.
Sin embargo, hay que tener en cuenta algunas limitaciones. La manicura rusa no debe aplicarse si hay hongos, heridas o infecciones en la uña, y una mala ejecución puede provocar microlesiones. Por ello, elegir un centro especializado es fundamental.
Este año, la tendencia en manicura rusa se inclina hacia diseños naturales y minimalistas. Las clientas buscan estilos como la francesa moderna, tonos nude o diseños con detalles sutiles. La clave sigue siendo la pulcritud en la técnica, donde no se trata de añadir más, sino de realizar un trabajo mejor.





