Durante la temporada invernal, es fundamental mantener el depósito de combustible de nuestro vehículo lleno. Este consejo, que se ha transmitido de generación en generación, no solo tiene un componente práctico, sino también psicológico. Un tanque casi lleno actúa como un colchón de seguridad en situaciones de tráfico complicado, como las que se pueden presentar por nieve, niebla o accidentes. Tener suficiente combustible permite mantener el motor en funcionamiento y, con él, la calefacción, lo cual es vital hasta que la asistencia llegue o las condiciones climáticas mejoren.
Sin embargo, más allá de esta cuestión de seguridad, existe una razón técnica que muchos desconocen y que cobra especial relevancia en regiones con heladas nocturnas. Esta razón está relacionada con la condensación dentro del depósito. Cuando el nivel de gasolina o diésel es bajo, queda un espacio donde pueden acumularse gases del combustible, pero también aire húmedo. Con el descenso de las temperaturas, esta humedad puede transformarse en hielo, lo que puede obstruir el paso del combustible hacia la bomba, el sistema de inyección o incluso los cilindros del motor.
Este problema es más común cuando las temperaturas oscilan entre días relativamente templados y noches bajo cero. A mayor cantidad de aire en el depósito, mayor es el riesgo de que se forme agua por condensación. Por lo tanto, un depósito lleno minimiza este riesgo, ya que reduce el espacio para que el vapor de agua se condense. Además, las bombas de combustible modernas funcionan de manera más eficiente cuando están sumergidas en gasolina. Un nivel bajo puede llevar a que estas bombas se expongan al aire, lo que las hace trabajar a temperaturas más altas y puede acelerar su desgaste prematuro, con el consiguiente riesgo de averías costosas.
Otro aspecto a considerar es la tracción. Mantener el depósito lleno puede ser ventajoso, especialmente para vehículos de tracción trasera o integral, ya que un tanque más cargado aporta peso adicional sobre el eje posterior, mejorando la tracción en superficies deslizantes. Aunque este efecto es más notable en vehículos de gran tamaño y SUV, también puede influir en turismos en situaciones extremas.
En conclusión, mantener el depósito de combustible lleno durante el invierno no solo es una cuestión de seguridad, sino también de evitar problemas mecánicos y mejorar la tracción en condiciones adversas. Es una práctica recomendable que puede marcar la diferencia en la experiencia de conducción durante los meses más fríos.





