A finales de diciembre, se recordará el centenario de la muerte de Rainer Maria Rilke, un acontecimiento que invita a redescubrir su obra. Resulta sorprendente que haya transcurrido un siglo desde su fallecimiento. Muchos de nosotros recordamos haber leído sus textos en una etapa de nuestra vida en la que la comprensión no era total, pero su legado dejó una huella imborrable en nuestra formación intelectual y emocional.
Más allá de las lecturas académicas, Rilke se constituye como el poeta de la música y el misterio. Para disfrutar de su magia, no es necesario descifrar el enigma que envuelve parte de su poesía, ni los complicados símbolos que la sostienen. Su obra, cargada de un deseo inquebrantable de lo absoluto, conecta con las aspiraciones románticas de su tiempo y lo convierte en un sobreviviente de una época que ha quedado atrás.
Sin embargo, Rilke vivía en un mundo interno, marcado por su soledad y su notoria dificultad para conectar con la vida exterior. Su desarraigo refleja una búsqueda constante que puede asemejarse a una forma de exilio, alejándose de la época desacralizada que le tocó experimentar. El poeta ha sido definido por Adam Zagajewski como «un elegante signo de interrogación en el margen de la historia», un claro antimoderno que se distanció de la era técnica que propició el desencanto.
La visión del poeta como un vidente y el culto a la Belleza con mayúscula son características que Rilke encarnó y que, en su momento, ya parecían vestigios de un tiempo pasado. La modernidad, con su escepticismo y su ironía, a menudo ridiculiza al artista puro. Rilke, con su mezcla de abnegación y cierta indolencia, es un reflejo de la lucha entre la pobreza y la opulencia, la vulnerabilidad y la fortaleza.
A lo largo de su vida, Rilke ejerció una influencia profunda, aunque a menudo imperceptible, en una tradición literaria cada vez más esotérica. Su obra puede considerarse un réquiem anticipado por la civilización europea. La radical inadaptación del poeta revela una voluntad heroica de resistir ante un mundo en transformación.














