La última película de Isabel Coixet, titulada Tres adioses, se estrenó en cines el 6 de febrero, tras haber sido filmada íntegramente en Roma. La directora pasó seis meses en la ciudad, dividiendo su tiempo entre la búsqueda de localizaciones, el rodaje y la postproducción. La película, basada en el libro póstumo de Michaela Murgia, Tres cuencos, presenta una Roma que no solo sirve de fondo, sino que se convierte en un personaje más.
Durante su estancia, Coixet exploró barrios emblemáticos como Trastevere y Testaccio, así como lugares icónicos junto al río Tíber. La trama sigue a Marta, interpretada por Alba Rohrwacher, quien tras una ruptura amorosa con el chef Antonio, encarnado por Elio Germano, se sumerge en un viaje de soledad y autodescubrimiento.
La película, descrita por Coixet como una «tragicomedia», aborda temas como el amor, la pérdida y la transformación personal. A través de su historia, se presentan restaurantes y locales que reflejan la pasión de la directora por la gastronomía, como Cambio en Via di San Francesco a Ripa, donde la autora del libro original solía comer.
Otro espacio real es Al Biondo Tevere, un restaurante familiar que, además de ofrecer una vista al río, está adornado con fotos de Pier Paolo Pasolini, quien estuvo presente la noche de su asesinato. En contraste, el restaurante ficticio donde cocina Antonio, Senza Fine, encuentra inspiración en el auténtico Piatto Romano, conocido por sus platos tradicionales.
El barrio de Trastevere es el verdadero protagonista en términos de localización, donde Marta vive y se desplaza en bicicleta, mostrando la vida cotidiana del distrito. Secuencias como su paseo por Piazza Mastai y encuentros en cafés locales ofrecen una imagen auténtica de la vida en esta parte de Roma.
Aparte de Trastevere, la película también incluye locaciones como Isola Tiberina, escenario de una intensa reunión entre los personajes, y el Museo Centrale Montemartini, un museo arqueológico que alberga tesoros de la época romana. Para concluir, la Antica Libreria Cascianelli, una de las librerías más antiguas de Roma, se presenta como un refugio para coleccionistas y un símbolo de la rica historia cultural de la ciudad.














