El Triángulo Golfo de Barcelona, conocido por su ambiente nocturno, se enfrenta a una grave crisis. Este área, situada en el barrio de Poblenou, ha visto cómo su oferta de ocio se reduce drásticamente tras el cierre de varios locales emblemáticos. A pesar de ser uno de los últimos espacios donde los precios se mantenían asequibles, la situación actual plantea serios desafíos para los propietarios y los amantes de la vida nocturna.
En su apogeo, el Triángulo Golfo contaba con alrededor de una treintena de locales musicales y varias discotecas y salas de conciertos. Sin embargo, hoy en día, solo quedan unos pocos. Entre los cierres más notables se encuentra el antiguo Rocksound, que fue desmantelado en 2020 debido a la ampliación del distrito 22@. El cierre reciente de otros bares como BB+, Open Bar y D9 ha exacerbado la crisis, llevada a cabo tras un año de presión por parte de un hotel cercano.
La reducción de la oferta de ocio nocturno no solo impacta a los locales afectados, sino que también afecta a la cultura y la economía de Barcelona en su conjunto. Los propietarios de los bares han expresado su preocupación por la falta de apoyo y respuesta por parte de las autoridades locales. En este contexto, surge la pregunta: ¿Dónde está el regidor de distrito, David Escudé? Como representante de la administración pública, debería ser su responsabilidad abordar esta situación.
Los bares y locales que están cerrando no son solo negocios; forman parte del tejido social y cultural de la ciudad. Muchos de ellos han mantenido su esencia y han resistido las tendencias más comerciales, ofreciendo un espacio para el rock y la música alternativa. Sin embargo, la tendencia actual apunta hacia la transformación del área en un centro de oficinas y servicios destinados principalmente a un público extranjero con alto poder adquisitivo.
La situación plantea una cuestión crítica para el futuro del ocio nocturno en Barcelona. Si los jóvenes, que son los principales consumidores de estos espacios, no encuentran alternativas asequibles, se corre el riesgo de que se repitan prácticas como el botellón, que ya habían sido un problema en el pasado. El futuro del Triángulo Golfo depende de una acción concertada y del interés real de las autoridades para revitalizar esta parte de la ciudad.












