La 79a edición de los BAFTA, que tuvo lugar en el Royal Festival Hall de Londres, se convirtió nuevamente en el centro del cine internacional. La ceremonia, conducida por Alan Cumming, combinó celebraciones cinematográficas con un incidente que generó gran controversia en las redes sociales y en el propio recinto.
La película One Battle After Another fue la gran ganadora de la noche, llevándose seis premios, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Dirección para Paul Thomas Anderson. Este triunfo refuerza su posición como uno de los títulos más destacados en la carrera hacia los Oscar.
Uno de los momentos más comentados fuera de los premios fue la asistencia de los príncipes de Gales. El príncipe Guillermo, presidente honorífico de la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (BAFTA) desde 2010, llegó acompañado de Kate Middleton, cuya presencia generó un gran interés mediático. Durante la gala, el príncipe entregó el BAFTA Fellowship a la ejecutiva Dame Donna Langley, un reconocimiento de gran prestigio.
El regreso de Kate Middleton a un evento cultural de gran relevancia tras un periodo de menor exposición también fue notable, subrayando el carácter institucional de la gala, que combina tradición con proyección internacional.
Sin embargo, uno de los momentos más impactantes de la noche ocurrió cuando un asistente gritó un insulto racista mientras Michael B. Jordan y Delroy Lindo estaban en el escenario. El responsable fue John Davidson, cuya vida inspiró la película independiente británica I Swear. Davidson padece síndrome de Tourette y había expresado su preocupación por posibles tics involuntarios durante la ceremonia.
El público había sido advertido previamente sobre la posibilidad de que se produjeran expresiones involuntarias. El presentador pidió comprensión tras el incidente, recordando que los tics asociados al síndrome de Tourette son involuntarios y forman parte de una discapacidad reconocida. A pesar del susto inicial, la ceremonia continuó con normalidad, y Jordan y Lindo entregaron el premio a Mejores Efectos Visuales a Avatar: Fire and Ash.
En cuanto a los premios interpretativos, Robert Aramayo se llevó el galardón a Mejor Actor por su papel en I Swear, donde representa a Davidson. Visiblemente emocionado, agradeció el trabajo de investigación realizado para su personaje y expresó admiración hacia otros nominados presentes en la sala.
Por su parte, Jessie Buckley confirmó las expectativas al ganar el BAFTA a Mejor Actriz por su actuación en Hamnet, que también fue reconocida como Mejor Película Británica.
Entre las sorpresas de la noche destacó el triunfo de Sean Penn como Mejor Actor de Reparto, superando a otros contendientes fuertes. Otras películas como Sinners y Frankenstein también obtuvieron varios premios, lo que evidenció una edición repartida en algunos apartados, aunque dominada claramente por el filme de Anderson.
Así, la 79a edición de los BAFTA cerró una noche que combinó reconocimiento artístico, momentos emotivos y una conversación necesaria sobre inclusión y discapacidad en el mundo del espectáculo, en un año en que el cine británico vuelve a ocupar un lugar destacado en el panorama internacional.





