Eleanor Coppola, conocida por su trabajo en el cine y como esposa del famoso director Francis Ford Coppola, dejó un legado profundo con su libro póstumo «Two of Me, Notes on Living and Leaving». En esta obra, publicada tras su fallecimiento el pasado abril a los 87 años, ofrece un relato melancólico sobre su vida, marcada por la enfermedad y la pérdida.
La historia de Eleanor es también la de un enigma familiar. En el documental «Hearts of Darkness, A Filmmaker»s Apocalypse», expuso la caótica experiencia de su marido durante el rodaje de «Apocalypse Now». El material que Eleanor documentó fue crucial para la creación del mito en torno a esta película. Posteriormente, también siguió de cerca los rodajes de las películas de su hija Sofia Coppola, como «Las vírgenes suicidas» y «María Antonieta».
Desde sus inicios en el cine, donde conoció a Francis en el rodaje de «Dementia 13», Eleanor se destacó como artista y estuvo vinculada al movimiento de artistas conceptuales en California. En sus memorias, relata la tragedia de perder a su hijo Gian-Carlo a los 22 años, así como las dificultades que enfrentó en su matrimonio, marcado por la infidelidad y problemas financieros.
A pesar de las adversidades, Eleanor nunca dejó de valorar el amor de su familia. En el libro, describe un momento conmovedor en el que su hijo Roman le trae setas y su esposo las cocina para ella. Este gesto simple pero significativo le devuelve la felicidad, recordándole que, a pesar de todo, la vida tiene sus momentos de belleza.
Su primera película de ficción, «París puede esperar», estrenada en 2016 cuando tenía 80 años, se presenta como un autorretrato. La historia sigue a una mujer, Anne, quien se embarca en un viaje desde Cannes a París. Esta road movie no solo se burla de los clichés del seductor francés, sino que también refleja la soledad de una mujer que busca redescubrir los placeres de la vida a través de la comida, el arte y la naturaleza.
En sus memorias, Eleanor deja claro que, a pesar de la tristeza y las pérdidas, siempre hay espacio para agradecer y encontrar sentido en los pequeños momentos compartidos con los seres queridos. En su jardín, donde ahora reposa, ella parece afirmar que, al final, la vida sí valió la pena.





