Las actrices Lucía Delgado y Tábata Cerezo han tomado un papel fundamental en la industria audiovisual española al convertirse en coordinadoras de intimidad. Su misión es garantizar que las escenas de sexo en los rodajes se desarrollen de manera segura y respetuosa, evitando situaciones incómodas para los intérpretes.
Tradicionalmente, las escenas donde el guion indicaba «tienen sexo» se abordaban con improvisación, dejando a los actores a merced de interpretaciones personales y directrices del director. Sin embargo, Lucía y Tábata, ambas de 33 años y con experiencia en la interpretación de escenas de desnudo, han vivido en primera persona la falta de protocolo en este aspecto. La llegada del movimiento #MeToo ha cambiado la percepción del consentimiento y las dinámicas de poder en el cine, impulsando la necesidad de figuras como la suya.
En 2021, fundaron IntimAct, una agencia pionera en la coordinación de intimidad en España. Su trabajo comienza con ensayos de posturas y coreografías utilizando muñecos, antes de llevar esos movimientos a la pantalla con los actores. La idea de esta profesión les llegó en 2019, cuando se enteraron de una formación organizada por Netflix, lo que les motivó a postularse juntas para asumir este rol.
A pesar de sus dudas iniciales sobre la aceptación de esta figura en una industria donde el contacto físico es común, han visto crecer su reconocimiento. Actualmente, sus nombres aparecen en los créditos de producciones tanto comerciales como Élite y Valeria, así como en obras de autor como Creatura y Romería.
La industria ha empezado a reconocer la vulnerabilidad de los actores, pero aún enfrenta retos en la comprensión del consentimiento en el escenario. Lucía y Tábata han recibido críticas sobre la percepción de que algunas actrices se contradicen al mostrar sus cuerpos en redes sociales. «El hecho de que una actriz se muestre en bikini no significa que esté lista para aparecer desnuda en una escena que podría ser explotada en webs pornográficas», explican.
Para ellas, las escenas íntimas no son un mero acto de control, sino un espacio que debe ser cuidadosamente construido. Su enfoque es colaborativo, trabajando con los directores para dar sentido narrativo a las escenas. «Nuestro rol es creativo, como el de un coordinador de acción. No solo se trata de evitar daños, sino de crear coreografías que tengan significado», añaden.
La conversación sobre la representación de la intimidad en el cine también incluye el análisis de las imágenes y referencias culturales que influyen en la manera en que se ejecutan estas escenas. «Es fundamental cuestionar las decisiones creativas que se toman. Queremos entender por qué se representa la intimidad de ciertas maneras», dice Tábata.
Durante el rodaje, su presencia es clave para garantizar que las condiciones sean seguras y que el equipo esté compuesto solo por las personas necesarias. Sin embargo, subrayan que el trabajo más importante ocurre antes de que la cámara empiece a grabar. «Si no hemos establecido confianza con los actores o no comprendemos lo que busca el director, no habrá confianza en nosotras», explica Lucía.
Recientemente, el Gobierno español ha anunciado reformas en el Estatuto del Artista que exigirán la presencia de coordinadores de intimidad en cualquier producción que incluya escenas sexuales. Aunque consideran que esto es un avance, Tábata advierte sobre la posibilidad de que se convierta en un mero trámite burocrático. «Es preocupante que se pierda el sentido real de esta figura», concluye.
A pesar de la creciente institucionalización de su profesión, todavía hay voces que critican su trabajo, argumentando que buscan censurar imágenes sexuales. Tábata reflexiona sobre esta percepción, sugiriendo que sería interesante ver a quienes critican la coordinación de intimidad enfrentarse a las realidades de actuar en situaciones vulnerables. «Hay mucho que la industria aún no comprende», finaliza.





