Las escuelas en la naturaleza, una alternativa educativa en auge

Las escuelas en la naturaleza fomentan el aprendizaje y la conexión con el entorno desde la infancia.

En la actualidad, las escuelas en la naturaleza están ganando protagonismo como una alternativa educativa innovadora para los niños de entre 2 y 6 años. Este modelo, que permite a los más pequeños aprender en entornos naturales, se basa en la premisa de que el contacto directo con la naturaleza es fundamental para el desarrollo integral de los niños.

La idea de las escuelas al aire libre se originó en Alemania en 1904, con la primera Waldschule de Charlottenburg, diseñada para proporcionar un ambiente saludable a niños con problemas respiratorios. Aunque este enfoque perdió impulso durante las guerras mundiales, ha resurgido recientemente, impulsado por un creciente interés de las familias en reconectar con la naturaleza.

Las escuelas en la naturaleza, que pueden recibir diversos nombres como guarderías al aire libre o escuelas-bosque, ofrecen un espacio donde los niños pueden explorar, jugar y aprender a su propio ritmo. La naturaleza se convierte en su aula, y el juego libre y el juego de riesgo son las herramientas pedagógicas principales. Los adultos presentes actúan como facilitadores, garantizando la seguridad y el bienestar de los niños sin interferir en su autonomía.

En Europa, aunque no existen estadísticas oficiales, se estima que miles de estas escuelas están operativas. En países como Alemania, Noruega y Dinamarca, se calcula que aproximadamente una cuarta parte de los niños en la etapa de educación infantil asisten a estas escuelas. Este enfoque no solo favorece el desarrollo cognitivo, sino que también potencia habilidades sociales y emocionales como la autonomía, la confianza y la resiliencia.

Los beneficios físicos son igualmente notables. Investigaciones sugieren que los niños que asisten a escuelas en la naturaleza presentan mejor motricidad, mayor inmunidad y capacidades visuales superiores. Además, se ha observado que la conexión regular con entornos naturales está asociada a una salud mental más robusta, con un aumento en la resiliencia y la capacidad de regulación emocional.

Otro aspecto a destacar es la inclusividad de estas escuelas. El juego libre y de riesgo fomenta una educación coeducativa donde cada niño juega según sus intereses y necesidades. Esto resulta especialmente beneficioso para niños con discapacidades, ya que les permite explorar y enfrentarse a desafíos en un entorno seguro.

A pesar de sus ventajas, las escuelas en la naturaleza en España carecen de reconocimiento oficial y apoyo en comparación con otros modelos educativos. La falta de formación reglada para el personal y los prejuicios sobre los riesgos del juego al aire libre limitan su desarrollo. Sin embargo, si se logra un entendimiento y apoyo por parte de los responsables políticos, estas escuelas podrían representar una alternativa positiva y necesaria para la educación infantil en el futuro.

Katia Hueso-Kortekaas, cofundadora del Grupo de Juego en la Naturaleza Saltamontes, resalta la importancia de este modelo educativo que promueve no solo el aprendizaje, sino también la conexión con el entorno y la creación de una conciencia ambiental desde la infancia.

Redacción

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