martes, 24 de febrero de 2026

El aumento de las bajas laborales por salud mental entre los jóvenes en España

Las bajas por salud mental afectan la productividad y el sistema de pensiones en España.

En la última década, se ha observado un incremento notable en las incapacidades laborales por trastornos mentales, especialmente entre los jóvenes que se encuentran en situaciones de empleo precario y en ambientes laborales exigentes.

El fenómeno de las bajas por salud mental se ha convertido en una preocupación creciente en España. Más allá de su impacto en la salud, tiene repercusiones directas en la productividad, en las cotizaciones a la Seguridad Social y en la sostenibilidad del sistema de protección social. Problemas como la ansiedad, la depresión y el estrés crónico son cada vez más frecuentes entre trabajadores menores de 35 años, en un contexto caracterizado por la inestabilidad laboral y el encarecimiento de la vida.

Este fenómeno ha ido en aumento de manera constante en la última década, siendo especialmente evidente en la población joven, que a menudo se enfrenta a contratos temporales y salarios bajos. A diferencia de las bajas por causas físicas, las relacionadas con la salud mental pueden prolongarse y esto incrementa el coste para la Seguridad Social y las empresas, además de complicar la planificación de recursos humanos.

El diseño actual del sistema de bajas influye en el comportamiento tanto de trabajadores como de empleadores. Tras un periodo determinado, las empresas suelen asumir una menor carga económica, lo que puede llevar a una utilización abusiva del sistema. Para muchos jóvenes con trayectorias laborales inestables, este sistema puede resultar en una dependencia prolongada de las bajas por salud mental, aunque muchas veces esta decisión responde a una necesidad real.

Cada baja laboral implica una disminución directa en las horas trabajadas y en la producción. Cuando este fenómeno afecta a una parte significativa de la población activa, sus efectos se multiplican y se manifiestan en un descenso de las cotizaciones sociales, una menor recaudación por IRPF y un aumento del gasto en prestaciones. Esto también complica la consolidación de equipos estables en las empresas.

En el contexto actual, donde España enfrenta un desafío demográfico y de pensiones, la sostenibilidad del sistema de pensiones depende de una base sólida de jóvenes cotizantes. La exclusión de una parte importante de este colectivo del mercado laboral debido a problemas de salud mental genera un círculo vicioso difícil de romper, acentuado por las dificultades económicas, el acceso limitado a la vivienda y la incertidumbre laboral.

A pesar del incremento en el gasto destinado a la salud mental, las políticas públicas aún presentan carencias. La mayoría de las acciones institucionales se centran en el tratamiento, mientras que se debería dedicar más atención a programas de detección temprana, apoyo psicológico en las empresas y formación en gestión emocional. Sin datos transparentes y sistemáticos, resulta complicado diseñar reformas eficaces.

La discusión sobre la sostenibilidad del sistema de bajas laborales debe incluir ajustes técnicos que no alteren su estructura básica. Al aplicar estos cambios, se busca preservar la protección social sin crear desincentivos para el regreso al trabajo. Sin embargo, estas medidas deben evitar convertirse en ajustes puramente contables.

El entorno empresarial juega un papel crucial en la prevención del deterioro psicológico. Jornadas laborales excesivas, presión constante y falta de reconocimiento son factores que aumentan el riesgo de bajas prolongadas. Iniciativas como el acompañamiento psicológico, la flexibilidad horaria y un liderazgo responsable pueden tener un impacto positivo en los resultados. Sin embargo, muchas pequeñas y medianas empresas carecen de recursos para implementar estas medidas sin apoyo público.

El aumento de las bajas por salud mental entre los jóvenes no debe considerarse un problema individual, sino un reto económico y social significativo para el crecimiento de España, la sostenibilidad del sistema de pensiones y la cohesión social. Abordar esta situación requiere un enfoque integral que permita evitar que una generación entera quede atrapada en la precariedad, el deterioro emocional y una dependencia prolongada del sistema.

Redacción

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