Las tácticas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, basadas en la amenaza de aumentar aranceles, no han logrado el efecto deseado sobre China. Un estudio divulgado por el Banco Central Europeo (BCE) este miércoles, elaborado por Julien Le Roux y Tajda Spital, invita a una reflexión profunda. La investigación concluye que el gigante asiático ha conseguido evadir la presión y ha redirigido sus exportaciones hacia otros países.
Se plantea que los flujos comerciales se reconfiguraron durante 2025 debido a la presión arancelaria. Como resultado, el crecimiento de las importaciones estadounidenses disminuyó drásticamente al caer las importaciones chinas, mientras que las exportaciones chinas a otros países aumentaron, exceptuando a Estados Unidos.
Los expertos del BCE han analizado si este incremento en las ventas a otros países es en realidad un redireccionamiento de exportaciones a través de naciones intermediarias. A pesar de esta sospecha, el estudio del BCE advierte: «Todavía puede ser demasiado pronto para evaluar el alcance total de la redirección del comercio inducida por los aranceles, ya que el comportamiento anticipatorio, los retrasos en la implementación en las aduanas, las demoras en los envíos y otros factores pueden afectar el tiempo que tardan los cambios arancelarios en reflejarse en los flujos comerciales observados».
Aun así, las exportaciones chinas muestran ciertos patrones de vasos comunicantes. Aunque las exportaciones hacia Estados Unidos cayeron un 20%, el crecimiento de las exportaciones hacia otras regiones se mantuvo robusto, aumentando un 8% en la zona del euro y un 13% en los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Además, se observó un incremento del 7% en América Latina y del 26% en África. En términos de valor, los 104.000 millones de dólares en exportaciones perdidas hacia Estados Unidos equivalen a las exportaciones que China ganó hacia los países de la ASEAN.
Las estimaciones sugieren que los aranceles redujeron las importaciones estadounidenses de productos chinos en aproximadamente un 9%, mientras que la disminución interanual observada en los datos comerciales alcanzó cerca del 17% durante los primeros nueve meses de 2025. Esta diferencia indica que otros factores, además de los aranceles, como la creciente incertidumbre política, la anticipación en la concentración de las importaciones antes de los aumentos arancelarios, una demanda estadounidense más débil o la ligera apreciación del renminbi frente al dólar estadounidense, también han contribuido a la contracción de las exportaciones chinas a Estados Unidos.
El análisis del BCE reafirma lo que algunos economistas han señalado sobre las repercusiones de la estrategia arancelaria de Trump, que se percibe como un autogolpe. Los consumidores estadounidenses terminan pagando más por los productos importados, mientras que China continúa vendiendo esos productos, ya sea a otros compradores o a Estados Unidos, pero a través de otros países que ensamblan o marcan los productos.
Los datos de inflación aún no reflejan efectos significativos en la economía estadounidense, pero tampoco han perjudicado gravemente a China. Las repercusiones de los aranceles estadounidenses han generado un estrechamiento en las relaciones comerciales entre los países asiáticos y han incentivado la reactivación del consumo interno, que se ha visto debilitado. La falta de demanda interna en China ha forzado a las empresas a exportar su exceso de capacidad productiva, apoyadas por la caída de los precios de exportación, el aumento de la competitividad gracias a una moneda débil y la expansión de la capacidad manufacturera liderada por el estado.
La creciente integración de la cadena de suministro dentro de Asia también ha impulsado las exportaciones hacia socios regionales. Un efecto secundario importante es que China está acelerando sus estrategias de venta en mercados europeos y latinoamericanos. El sector automotriz es uno de los más influenciados, con la inminente llegada de productos chinos a precios más competitivos en los próximos meses. Por ejemplo, algunos modelos de coches eléctricos, como los de la marca Polestar en Europa, han anunciado rebajas de casi el 25% este año.
Asimismo, se ha observado la venta de todoterrenos chinos en América Latina a precios considerablemente más bajos que los de la competencia japonesa o estadounidense. Subestimar la capacidad de China para adaptarse a las restricciones comerciales sería un grave error. Las consecuencias de estas dinámicas ya se están sintiendo tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo.












