Quim Salarich, esquiador de 32 años originario de Vic, se prepara para sus terceros Juegos Olímpicos, llegando en un momento de gran forma y confianza. Para Salarich, la experiencia adquirida en sus primeras participaciones en Pyeongchang y Pekín ha sido fundamental. En sus primeras olimpiadas, reconoce que no estaba listo para competir al más alto nivel, pero en China ya se sentía más competente, aunque aún no había demostrado su verdadero potencial. En esa ocasión, a pesar de salir de la pista, se dio cuenta de que podía lograr buenos resultados. Ahora, de cara a los Juegos de Cortina, ha acumulado experiencia y un nivel técnico más elevado.
La atmósfera de los Juegos Olímpicos es distinta, según Salarich. Si bien el ambiente mediático es mucho más intenso, el hecho de estar en la Villa Olímpica permite a los atletas concentrarse en su rendimiento, aunque los nervios persisten al momento de competir. A lo largo de los años, ha aprendido a manejar mejor esos nervios, algo que le ha ayudado a ser más efectivo en su desempeño.
Con tres Juegos a sus espaldas, Salarich expresa su satisfacción por mantenerse en la élite del esquí durante tantos años, lo cual considera un gran logro. A sus 32 años, se siente más desarrollado como esquiador que nunca, tanto a nivel técnico como físico. Aunque reconoce que con la edad puede haber una pérdida de fuerza máxima, se siente en su mejor momento en términos de calidad muscular. Este año, ha notado un crecimiento significativo en su rendimiento comparado con temporadas anteriores.
Sobre su estilo, Salarich admite que no es el más atractivo de ver, dado su tamaño (mide 1,88 metros y pesa casi 100 kilos), pero defiende que su altura le permite generar potencia y velocidad en las pistas. La física juega un papel crucial en el esquí, donde el peso y la agilidad deben equilibrarse para maximizar el rendimiento. Considera que la combinación de técnica, valentía y táctica es esencial para obtener buenos resultados en la competición. «Si tienes mucha técnica, pero no tienes la táctica o no tienes los ‘huevos’ de tirarte a buscar la carrera, no vas a hacer el resultado», reflexiona.
El esquí alpino incluye varias disciplinas, cada una con distintas velocidades, desde el descenso, donde los esquiadores alcanzan hasta 150 kilómetros por hora, hasta el eslalon, donde las velocidades son más bajas. La elección del momento de salida es crucial y puede influir en el resultado final, ya que las condiciones de la pista cambian con cada competidor. Salarich ha trabajado para salir más adelante en las competiciones, lo que ha favorecido su desempeño.
El esquiador ha enfrentado varios obstáculos en su carrera, incluyendo la pérdida de su padre a los 17 años, lo que le llevó a decidir entre dedicarse al esquí o abandonar. Esta decisión marcó un punto de inflexión en su vida, ya que optó por mudarse a Suiza para seguir su sueño, a pesar de las dificultades económicas de la Federación Española de Esquí. Después de superar una pequeña lesión y enfrentar momentos de incertidumbre, ha encontrado el camino para recuperar su nivel.
La relación de Salarich con el esquí también se da en un contexto familiar. Aunque su familia no tenía una fuerte conexión con el deporte antes, su hermano mayor pasó por un proceso similar que le sirvió de guía. Al seguir sus pasos, se vio impulsado a mejorar y a esforzarse constantemente. Ahora, tras completar sus estudios, se dedica plenamente al esquí, buscando alcanzar su máximo potencial en estas competiciones.
La experiencia acumulada a lo largo de los años y su enfoque disciplinado le han permitido encontrarse en un buen momento a las puertas de los Juegos de Cortina. Con una mentalidad renovada y un cuerpo en óptimas condiciones, Salarich está preparado para enfrentar este nuevo desafío, deseando demostrar que su trayectoria de esfuerzo y dedicación puede traducirse en resultados sobresalientes.









