El inicio de los Juegos Olímpicos de Invierno en Milan se vio marcado por una manifestación en la que participaron grupos provenientes de la ciudad y otras regiones del norte de Italia. Esta protesta fue convocada por una organización activista llamada el Comité de Juegos Olímpicos Insostenibles, que reunió a una amplia coalición de colectivos, entre los que se encontraban grupos deportivos, movimientos cívicos y ambientales, estudiantes, activistas por la vivienda, sindicatos combativos y redes pro-Palestina, así como colectivos transfeministas.
A lo largo de la tarde, la marcha transcurrió con un ambiente mayoritariamente pacífico, donde los manifestantes portaban pancartas y realizaron cánticos y bailes. Sin embargo, la situación se tornó tensa cuando cayó la noche, con reportes de enfrentamientos entre los asistentes y las fuerzas del orden. La protesta comenzó en la Piazza Medaglie d’Oro y se dirigió hacia el Villa Olímpica, donde se pudo observar un gran despliegue policial asegurando el área. A pesar de la presencia de las fuerzas del orden, algunos manifestantes lanzaron petardos y bombas de humo en dirección a las viviendas de los atletas, aunque estos objetos no alcanzaron su objetivo.
La marcha tomó después un giro hacia la Via Benaco, alejándose de la Villa. Sin embargo, las tensiones crecieron al llegar a Piazzale Corvetto, donde se produjeron los primeros enfrentamientos. Un grupo reducido de manifestantes comenzó a lanzar fuegos artificiales a la policía, que respondió con una carga. Posteriormente, los manifestantes dirigieron su ira hacia las furgonetas policiales, utilizando más fuegos artificiales. En respuesta, las autoridades emplearon cañones de agua y gas lacrimógeno.
A pesar de estos incidentes violentos, no todos los participantes se unieron a las confrontaciones, ya que muchos decidieron permanecer en la zona principal de la plaza. Esta manifestación no solo ha puesto de relieve las tensiones en torno a la organización de eventos deportivos internacionales, sino que también refleja un creciente descontento social en diversas áreas de Italia, en particular en lo que respecta a temas de sostenibilidad y justicia social.
El contexto de estas protestas se sitúa en un marco más amplio de cuestionamiento sobre el impacto de los Juegos Olímpicos y la inversión pública en grandes eventos deportivos. Con la participación de una diversidad de grupos, la protesta en Milan es un claro ejemplo de cómo la sociedad civil se moviliza frente a cuestiones que afectan a sus comunidades. A medida que avanzan los días de competencia, será crucial observar cómo estos episodios de descontento pueden influir en la percepción pública de los Juegos Olímpicos y en futuras ediciones de este evento global.








