Los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebran en Milán-Cortina 2026, han estado marcados por diversas anécdotas curiosas. Una de las más memorables involucra a Nazgul, un perro lobo checoslovaco que, en medio de la competición, se convirtió en el centro de atención tras irrumpir en la pista de esquí. A pesar de ser un animal y no un atleta, su travesura ha capturado los corazones de muchos, convirtiendo su historia en un capítulo singular de estos Juegos.
El incidente tuvo lugar el 18 de febrero, cuando Nazgul se escapó de la casa de sus dueños, Enrico y Alice, quienes se encontraban en una competición cercana de biatlón. Mientras ellos estaban fuera, el canino, conocido en el pueblo de Tesero, decidió explorar y se aventuró hacia la zona de esquí. En medio de una carrera, Nazgul apareció en la pista, corriendo con alegría hacia la meta, como si estuviera persiguiendo algo. Varios espectadores, al reconocerlo, no pudieron contener su entusiasmo.
Los jueces de la competición, al ver al intruso inesperado, optaron por llevarlo a un lugar seguro mientras esperaban el regreso de sus dueños. A pesar de que su llegada llevó a una situación cómica, el equipo del Comité Olímpico Internacional (COI) no permitió que Nazgul accediera a la zona mixta para hablar con los medios, lo que habría añadido un toque aún más especial a su aparición.
La atleta croata Tena Hadzic, que estaba compitiendo en ese momento, se encontró con Nazgul y recordó la experiencia, afirmando: «No sabía qué hacer». Ella sintió que su presencia podría ser un problema, aunque terminó finalizando en la 19ª posición, sin que la distracción del perro afectara su desempeño notablemente.
Al final del evento, Nazgul volvió a casa con sus dueños, quienes se sintieron aliviados de tenerlo de vuelta. Aunque no ganó una medalla, sí se llevó consigo el cariño y la atención del público, convirtiéndose en una especie de mascota olímpica. Esta anécdota resalta la capacidad de los Juegos de unir a las personas a través de historias inesperadas y entrañables, como la de un perro que solo buscaba la compañía de sus dueños.
Las Olimpíadas no solo se tratan de récords y medallas, sino también de momentos que, aunque no están en el centro del escenario, dejan huella. La historia de Nazgul es un recordatorio de que incluso los no atletas pueden convertirse en protagonistas, añadiendo un matiz especial a la experiencia olímpica y recordando a todos la importancia de la diversión y la espontaneidad en el deporte.





