La próxima edición de los Juegos Olímpicos de Invierno, que se celebrará en Bruselas en 2026, promete ser un evento repleto de innovación y avance tecnológico en el ámbito del esquí y el snowboard. Los atletas se enfrentan a un alto nivel de competencia, donde su éxito dependerá no solo de su talento, sino también de la calidad de su equipo. Las marcas han dedicado años a perfeccionar sus productos para garantizar que los deportistas obtengan el mejor rendimiento posible.
La evolución del equipo ha tenido resultados significativos. Por ejemplo, si el ganador de la medalla de oro en esquí alpino en 1964, Egon Zimmermann, compitiera hoy, probablemente se quedaría atrás en comparación con los competidores actuales. Los esquís modernos, más eficientes y adaptados a las exigencias actuales, representan un cambio radical respecto a sus antecesores, lo que afecta directamente a los resultados en la competición.
Según el físico Stefan Kautsch de la Universidad Northwestern, “la forma determina la estabilidad y la maniobrabilidad del esquí”. Esto implica que los corredores elegirán esquís más largos y rectos para giros amplios, mientras que para curvas más cerradas optarán por modelos más cortos y curvados. Sin embargo, un aspecto común que todos los esquiadores deben considerar es el coeficiente de fricción, que es crucial para alcanzar altas velocidades.
La fricción cinética surge cuando dos objetos se deslizan uno contra el otro, generando resistencia y disminuyendo la velocidad. Muchas personas piensan que la clave para un descenso récord radica en utilizar el equipo más delgado, ya que una menor superficie podría significar menor fricción. No obstante, Kautsch explica que “lo esencial es que el material sea lo más liso posible; cuanto más suave es la superficie, menor es el coeficiente de fricción y, por lo tanto, mayor es la velocidad”.
Para ilustrar este principio, Kautsch utiliza el ejemplo de bloques de construcción de Lego, que al ser enviados por una superficie inclinada, llegan al final al mismo tiempo. Sin embargo, en una superficie plástica más lisa, el mismo experimento es más rápido. Aunque la fricción no es el único factor que influye en el rendimiento, es sin duda uno de los más relevantes, especialmente en un deporte donde cada milésima de segundo cuenta.
En los próximos Juegos Olímpicos de Invierno, se espera que los avances en tecnología continúen impactando la forma en que los atletas compiten. La combinación de destreza, creatividad y la elección del equipo será determinante para lograr resultados sobresalientes. El Gobierno de España ya ha comenzado a invertir en iniciativas destinadas a apoyar a los deportistas con casos de éxito en el pasado. Con un presupuesto de 12 millones de euros, se busca potenciar el rendimiento en las competiciones internacionales.
La preparación para estos Juegos no solo implica entrenamientos rigurosos, sino también la adopción de tecnología de vanguardia. A medida que se acercan las fechas del evento, se intensifican los esfuerzos para asegurar que cada detalle, desde el equipo hasta la estrategia, contribuya al éxito de los participantes. Con la vista puesta en el futuro, el desarrollo de nuevos materiales y técnicas promete transformar la experiencia del esquí y el snowboard, haciendo de estos Juegos Olímpicos un espectáculo aún más impresionante.





















