Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina 2026 no se parecen en nada a la experiencia urbana que ofreció París 2024. Si en la capital francesa todo estaba a unos minutos en metro y el ambiente olímpico impregnaba cada rincón de la ciudad, en Italia el deporte obliga a desplazarse, cruzar valles alpinos y adaptarse a la montaña.
Aquí no existe una única sede central. El mapa olímpico se extiende entre Milán, Cortina d’Ampezzo y enclaves de alta montaña como Livigno, donde el freestyle y el snowboard han convertido el Snow Park en uno de los focos más vibrantes de estos Juegos. La distancia entre Milán y Cortina ronda los 400 kilómetros por carretera. Traducido: cinco horas de viaje. Cambiar de disciplina en el mismo día exige algo más que entusiasmo.
Radiografía rápida: cómo se viven estos Juegos
| Milano-Cortina 2026 vs París 2024 | |
|---|---|
| Modelo de sede | Eventos distribuidos entre varias ciudades y montaña |
| Distancias clave | Milán – Cortina: ~400 km (5h por carretera) |
| Altitud en Livigno | 1.800 m sobre el nivel del mar |
| Experiencia del espectador | Mayor planificación y desplazamientos largos |
| Ambiente | Más natural, menos urbano, más integrado al entorno |
Livigno: empezar en la montaña cambia la perspectiva
Comenzar la experiencia olímpica en Livigno es entender desde el primer minuto que estos Juegos se viven distinto. El pueblo alpino, rodeado de cumbres blancas y aire afilado, está a casi 1.800 metros de altitud. No es un detalle menor: caminar rápido ya se siente diferente, respirar profundo cuesta un poco más. Y entonces uno observa a los atletas lanzarse por rampas imposibles y todo cobra otra dimensión.
Muchos espectadores han optado por alojarse fuera del valle para reducir costes. Desde Zernez, en Suiza, el trayecto diario en autobús ronda los 40 minutos. Es práctico y más económico que dormir en Livigno, donde los precios se dispararon en cuanto arrancaron las competiciones.
Un Snow Park sin asientos… pero con energía
En el Snow Park de Livigno, muchas entradas son de pie. No hay butacas numeradas ni comodidad garantizada. Para conseguir una buena vista, hay que llegar temprano y resistir temperaturas bajo cero durante horas.
Y, sin embargo, el ambiente compensa todo. Música constante, público joven, banderas ondeando y una sensación de festival invernal que convierte cada salto en un estallido colectivo. Cuando un snowboarder aterriza limpio tras un truco imposible, la montaña retumba.

La frontera difusa entre olímpico y cotidiano
Uno de los aspectos más sorprendentes es la convivencia entre competición olímpica y vida turística normal. Mientras en una zona se disputa una final olímpica, en otras pistas cercanas esquiadores aficionados descienden tranquilamente. Los mismos remontes que utilizan visitantes sirven también para acceder a zonas próximas a las pruebas.
El deporte de élite no está aislado en un estadio cerrado, sino integrado en el paisaje. Esa mezcla crea una atmósfera casi surrealista: lo extraordinario ocurre en medio de lo cotidiano.
Livigno, el “corazón freestyle” de Milano-Cortina 2026
Altitud
1.800 m
Se nota al caminar… imagina competir
Sede
Snow Park
Freestyle y snowboard en la montaña
Entradas
Mucho “de pie”
Llegar temprano marca la diferencia
Ambiente
Festival
Música, público joven y saltos brutales
Del hielo alpino al ritmo urbano de Milán
Tras la montaña, el recorrido olímpico se traslada a Milán, donde el hockey sobre hielo y el patinaje de velocidad en pista corta devuelven al espectador a recintos cubiertos y dinámicas más tradicionales. El contraste es fuerte: del silencio blanco de los Alpes al bullicio controlado de una arena moderna.
Milano-Cortina 2026 no es una cita diseñada para la inmediatez. Es un viaje que exige moverse, adaptarse y resistir. Y quizá por eso, cada medalla celebrada en la nieve se siente más auténtica.





