El esquí aéreo es una disciplina que, a simple vista, puede parecer solo un espectáculo de adrenalina, pero en realidad implica una compleja combinación de técnica, sincronización y confianza en el proceso, el entrenamiento y el equipo. La preparación para esta modalidad no se limita al snow, ya que gran parte del entrenamiento se realiza en rampas de agua durante la temporada baja. Estas rampas permiten a los atletas despegar desde plataformas similares a las de competición y aterrizar en piscinas, siendo fundamentales para aprender nuevos trucos, aumentar la confianza y perfeccionar la técnica.
En las rampas de agua, los esquiadores también utilizan trampolines donde practican giros y volteretas, empleando arneses o bungee, lo que les ayuda a mejorar su control corporal y conciencia del vuelo en un entorno seguro. Una vez que el entrenamiento se traslada a la nieve, se pone el foco en la consistencia, el control de la velocidad durante el deslizamiento y las aterrizajes limpios.
Para alcanzar el máximo rendimiento, los esquiadores aéreos dependen de equipos especializados que les ofrecen control y ligereza. Los esquís tienen una longitud que varía entre 150 y 160 cm, llegando hasta la altura de los hombros del atleta. Su diseño es extremadamente ligero, generalmente fabricado con materiales como el carbono, que minimizan la resistencia al aire y permiten rotaciones más rápidas y precisas. Los esquís aéreos tienen una anchura de aproximadamente 65 mm en la parte central, con poco corte lateral, lo que les proporciona un gran radio de giro y estabilidad en la aproximación al salto, evitando la necesidad de giros bruscos.
Las fijaciones que utilizan son las típicas de freestyle alpino, sin modelos específicos para aéreo. Se prioriza la fiabilidad y la simplicidad, asegurando que el esquí se mantenga firmemente sujeto sin añadir peso innecesario. En cuanto a las botas, estas son de estilo alpino, pero adaptadas para uso aéreo. Los atletas eligen botas específicas para freestyle con un ratio de flexión que se ajusta a sus preferencias, optando algunos por modelos más rígidos para maximizar la potencia y consistencia en el despegue, mientras que otros eligen un flex más suave para mayor equilibrio y control de movimientos.
Además, los esquiadores aéreos utilizan protectores bucales y unas gafas especiales que no tienen marco inferior, lo que les permite tener una visión sin obstáculos del suelo durante el vuelo, algo crucial para calcular el momento de aterrizar. Los trucos en esta disciplina se componen de una serie de giros, volteretas y posiciones corporales específicas, entre las que destacan el «Tuck» (cuerpo compacto con las rodillas recogidas), el «Pike» (piernas rectas con la cintura doblada) y el «Lay» (cuerpo completamente estirado).
Los atletas combinan estos movimientos en rutinas cronometradas de manera precisa. Entre las combinaciones más utilizadas se encuentran el «Lay-Full», que consiste en un doble flip con un giro completo en el segundo salto; el «Daddy» (Full-Double Full-Full), que es un triple backflip con cuatro giros, y el «Hurricane» (Full-Triple Full-Full), que añade un giro más, convirtiéndose en uno de los trucos más complejos del deporte.
Previo al despegue, los atletas utilizan radares para comprobar su velocidad y asegurarse de que están a un kilómetro por hora de su velocidad objetivo. Factores como la variabilidad del viento, la textura de la nieve y la temperatura pueden influir en el rendimiento, requiriendo a menudo ajustes de última hora. El objetivo siempre es el mismo: despegar a la velocidad exacta necesaria para ejecutar el truco elegido.
El esquí aéreo es un deporte que exige precisión bajo presión. Cuando la técnica, el tiempo, la velocidad y la confianza se alinean, el resultado es una impresionante exhibición de control, elevación y dominio atlético en el aire. Con estos conocimientos, la mirada se dirige hacia el futuro en Livigno para las Olimpiadas de Milano Cortina 2026, donde la competencia en esquí aéreo alcanzará su máxima expresión. Los saltos, meticulosamente preparados y con grados de dificultad en constante aumento, separarán a los contendientes por márgenes mínimos. Las pruebas individuales pondrán a prueba la capacidad de los atletas para combinar altura, forma y aterrizajes impecables bajo una presión intensa, mientras que el evento mixto de equipos introducirá una dimensión táctica adicional, donde cada salto podría tener consecuencias colectivas.






