Los resultados deportivos, especialmente en los Juegos Olímpicos, cada vez más se articulan en torno a la conocida fórmula de inversión igual a éxito. Un ejemplo claro de ello se encuentra en el notable desempeño del equipo alemán en los Juegos de Pekín 2022, donde logró obtener dieciséis medallas, de las cuales nueve fueron de oro, en disciplinas como bobsleigh, luge y skeleton. En los próximos Juegos de Milán-Cortina, Alemania ha mostrado un dominio inicial en las competiciones individuales de luge, tanto masculino como femenino.
No es casualidad que estos éxitos se hayan dado. Desde 2010, la Federación Alemana ha trabajado en conjunto con BMW, cuyo equipo de ingenieros ha optimizado sus esfuerzos para mejorar el rendimiento de los atletas. Este año, han innovado en el desarrollo de zapatillas de clavos personalizadas para sus deportistas, lo que resalta la importancia de la tecnología en el deporte de alto rendimiento.
BMW ha identificado áreas de mejora y, con la colaboración de Siemens y Allianz, ha comenzado a crear prototipos de placas de clavos a medida para los atletas de skeleton. Estas placas son adaptables a cualquier zapatilla de atletismo y se producen mediante impresión 3D en Múnich, un proceso que la compañía lleva implementando desde 1991.
Un desafío importante ha sido garantizar que las puntas de acero de estas placas resistan presiones extremas. Para lograrlo, se utiliza una técnica similar a la aplicada en el endurecimiento de componentes de motores, que implica un proceso de nitruración por plasma. Este método mejora la dureza del acero, permitiendo que las puntas soporten el desgaste durante las competiciones.
Además, en el ámbito de los trineos, se ha incorporado un software que recopila datos sobre simulaciones y mediciones con el fin de identificar la trayectoria óptima en las distintas pistas. Este software fue diseñado por el Dr. Julian von Schleinitz, un excampeón mundial júnior de luge, quien combina su experiencia en el deporte y su formación en ingeniería. Ha sido adaptado para equipos de competición, lo que demuestra la intersección entre tecnología y rendimiento.
La competencia en este ámbito ha llevado a otros países a acelerar sus propios desarrollos tecnológicos. Estados Unidos, por ejemplo, firmó un acuerdo con Acura para utilizar su túnel de viento en Ohio y ha encargado chasis de trineo a Dallara, una de las empresas más destacadas en este campo. Esta colaboración se extenderá hasta 2030, con un enfoque en disciplinas como el monobob femenino y el skeleton mixto, que debutará en los próximos Juegos Olímpicos.
Ander Mirambell, quien lidera el equipo español de Monobob y skeleton, ha expresado su deseo de competir con productos totalmente españoles. En sus palabras, «Ese es el sueño que se quedó en mi cabeza. Una de mis ilusiones era ir con todo producto español a unos Juegos, pero nos quedamos en el casco, desarrollado con una universidad de Cataluña, inspirada en Batman, las zapatillas de Múnich y los guantes». Mientras que algunos avances han sido logrados, el trineo sigue siendo un objetivo anhelado.
Históricamente, otras organizaciones también han buscado establecer colaboraciones para mejorar su rendimiento. McLaren, por ejemplo, había trabajado con UK Sports antes de los Juegos de Sochi 2014, pero su apoyo se redujo a solo unas pocas disciplinas. En 2017, a pesar de que el equipo británico ganó medallas en los Juegos de Rusia, el desarrollo se limitó a esquí alpino, dejando atrás el potencial de otros deportes.
Por otro lado, el Comité Olímpico Italiano (CONI), en el contexto de los Juegos que se celebrarán en su país, no ha reactivado una colaboración previa con Ferrari, que resultó beneficiosa en el pasado. La Scudería aportó su conocimiento aerodinámico a los atletas entre 2006 y 2018, cuando el luge italiano alcanzó su máximo esplendor con el atleta Armin Zoggeler. Sin embargo, actualmente parece que esa colaboración se ha desvanecido, lo que plantea interrogantes sobre las estrategias futuras.
En resumen, la conexión entre tecnología y deportes está más presente que nunca, y el desarrollo de innovaciones específicas se ha convertido en un factor determinante para el éxito en competiciones de alto nivel. La inversión en tecnología y en la creación de sinergias con industrias tecnológicas están redefiniendo los estándares del rendimiento deportivo en una carrera que promete intensificarse en los próximos años.





