Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 han llegado a su fin. Después de diecinueve días de competiciones, la llama olímpica se extinguió el pasado domingo en la Arena de Verona, cerrando así una edición caracterizada por su amplitud, con 22.000 kilómetros cuadrados de sedes, y una fuerte apuesta por la innovación, la igualdad y la emoción.
Italia despedió los Juegos con una ceremonia que, aunque menos solemne que la apertura en San Siro, mantuvo una esencia auténtica y simbólica. Verona, famosa por su anfiteatro romano, fue el escenario del último desfile de los atletas y del traspaso oficial a los Alpes Franceses 2030. Este cierre ha reflejado la intención de unir la modernidad de Milán con la rica tradición alpina de Cortina d’Ampezzo.
Un balance para España
Desde la perspectiva española, el balance de los Juegos es significativo, ya que las medallas logradas por la delegación nacional representan un aliento para el deporte invernal en el país. Sin embargo, hay que considerar que, a excepción del esquí de montaña, que debutó en esta edición, no se han obtenido más medallas ni diplomas. El esquiador Oriol Cardona hizo historia al conseguir el oro, siendo esta la segunda medalla de oro para España en los Juegos Olímpicos de Invierno, tras la de Paquito Fernández Ochoa en Sapporo 1972. Cardona comparte este logro con Ana Alonso, cuya trayectoria es un ejemplo de superación personal que trasciende el ámbito deportivo. Juntos han conseguido un total de tres medallas, pero el futuro del esquí de montaña en los Juegos Olímpicos dependerá del trabajo en el desarrollo de este deporte, especialmente ante la competencia de naciones con mayor tradición en la disciplina.
La ceremonia de clausura comenzó con un homenaje a la identidad cultural italiana. La famosa aria «Libiamo ne’ lieti calici» de Giuseppe Verdi resonó en la Arena, dando paso a tributos a obras maestras de la ópera como Rigoletto, La Traviata, Aida y Madama Butterfly. Esta mezcla de música y danza estableció el tono para una velada emotiva y memorable.
Entre los asistentes se encontraba la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien fue testigo del cierre de unos Juegos que también han estado marcados por la controversia, como la expulsión del deportista Vladyslav Heraskevych, quien trató de competir con un cartel en memoria de las víctimas ucranianas de la guerra con Rusia.
La ceremonia también rindió homenaje a los campeones olímpicos Maurilio De Zolt, Marco Albarello y Silvio Faune, quienes llevaron la llama al centro del escenario, un momento emotivo que precedió al desfile final de los atletas.
Finalmente, después de los discursos de cierre, incluido el de la presidenta del COI, Kirsty Coventry, llegó el momento de apagar la llama. La reconocida patinadora Arianna Fontana, la atleta italiana más exitosa en la historia de los Juegos Olímpicos, fue la encargada de sostener la llama mientras los pebeteros de Milán y Cortina se extinguían simultáneamente.
La llama de estos Juegos, símbolo de unión de las dos sedes, se ha apagado, pero Milán-Cortina 2026 deja un legado de cifras récord y momentos inolvidables. Con el telón bajado en Verona, el enfoque ahora se dirige hacia el futuro y los retos que enfrentarán los deportistas en sus próximas competiciones.





