España ha alcanzado un nuevo hito en los Juegos Olímpicos de Invierno tras sumar su octava medalla en la edición de Milán-Cortina, gracias al bronce obtenido por Oriol Cardona y Ana Alonso en la prueba de relevo mixto de esquí de montaña. Este logro, que se produjo el 21 de febrero, marca un récord histórico, ya que nunca antes el país había conseguido más de dos metales en una misma edición de estos Juegos.
La sorprendente inclusión del esquí de montaña como disciplina olímpica ha sido determinante para este éxito. Cardona, quien ya había conquistado el oro en la prueba de esprint el 18 de febrero, se consolidó como una de las estrellas del evento, mientras que Alonso, que también logró el bronce en su especialidad, se recuperó admirablemente de un grave accidente sufrido hace cinco meses.
El camino hacia este logro no fue sencillo. La historia de las medallas de España en los Juegos Olímpicos de Invierno se remonta a 1972, cuando Paquito Fernández Ochoa se colgó la medalla de oro en eslalon en Sapporo. Este trofeo marcó el inicio de una tradición que, sin embargo, experimentó un largo periodo de sequía hasta que Blanca Fernández Ochoa, hermana de Paquito, logró un bronce en 1992 en Albertville.
Por otro lado, el evento ha visto también el regreso de España al medallero en 2018 en Pyeongchang, donde Regino Hernández y Javier Fernández obtuvieron sendas medallas de bronce en snowboard y patinaje artístico, respectivamente, después de varias ediciones sin éxito. Estos logros han ido construyendo una narrativa rica en historia y esfuerzo, que ahora se ve ampliada con la aparición del esquí de montaña como una nueva vía de éxito para la delegación española.
La importancia de este avance no solo se refleja en las medallas, sino que también representa un cambio en la percepción de los deportes de invierno en el país, donde el esquí de montaña comienza a posicionarse como una disciplina de élite. La trayectoria de Cardona y Alonso ha sido ejemplar, y su éxito puede inspirar a futuras generaciones de deportistas en un campo que hasta hace poco era relativamente desconocido en el ámbito olímpico.
Con la mirada puesta en los próximos retos, tanto el Gobierno de España como las federaciones deportivas están considerando cómo potenciar aún más este deporte, que promete seguir dando alegrías a los aficionados. El éxito en Milán-Cortina puede ser solo el comienzo de una era dorada para el esquí de montaña español, que, con su inclusión en los Juegos, ha demostrado tener un potencial considerable.
El futuro del deporte invernal en España parece brillante, y los logros de Cardona y Alonso son un testimonio de que el trabajo duro y la dedicación pueden llevar a alcanzar metas que, hasta hace poco, parecían inalcanzables. Con esta nueva perspectiva, se abre la puerta a una mayor inversión y apoyo en la formación de atletas que representen a España en este ámbito en el futuro.






















