El skimo debuta en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026

El skimo hizo su debut histórico en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026, marcando un nuevo capítulo para los deportes invernales.

En el marco de los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina, la disciplina del skimo hace su debut histórico, marcando un giro significativo en los deportes invernales. Esta modalidad, que combina el esquí y la montaña, se presenta por primera vez como parte del programa olímpico, atrayendo la atención de aficionados y expertos del sector. Este acontecimiento destaca no solo por su novedad, sino también por su legado, que se remonta a más de un siglo, cuando los deportes de nieve comenzaron a consolidarse como una tradición.

El skimo, que también es conocido como esquí de montaña, se lleva a cabo en un formato que prioriza el espectáculo y la exigencia física, con tres pruebas en el calendario: velocidad masculina, velocidad femenina y relevo mixto. Cada prueba desafía a los atletas a afrontar recorridos que combinan ascensos y descensos, exigiendo rapidez y precisión en las transiciones del equipo. Según CNN, cada uno de estos eventos se convierte en un verdadero test de habilidad y resistencia.

Con raíces en las tradiciones de los países nórdicos y Siberia, el skimo se originó como una técnica esencial para desplazarse en terrenos nevados, mucho antes de que se popularizara el uso de los telesillas. La utilización de pieles de foca facilitaba el ascenso, permitiendo a los esquiadores moverse de un refugio a otro en condiciones adversas. Este enfoque práctico se ha mantenido hasta hoy, y en ocasiones, los equipos nacionales conservan vínculos con el ámbito militar, un legado que se remonta a las patrullas de montaña de la Segunda Guerra Mundial.

La Federación Internacional de Skimo, creada en 2007, logró el reconocimiento oficial del Comité Olímpico Internacional (COI) en 2016, lo que permitió la inclusión de esta disciplina en los Juegos de la Juventud de 2020. La confirmación de su participación en el programa olímpico se produjo en julio de 2021, culminando en su debut en Milán-Cortina. Este avance marca un nuevo capítulo en la historia del esquí de montaña y abre las puertas a un público más amplio.

Las pruebas de velocidad son especialmente emocionantes, con seis competidores que compiten simultáneamente en circuitos que rondan los 100 metros de desnivel. El recorrido se compone de un ascenso con pieles adheridas, una sección de porteo donde los esquiadores llevan los esquís en una mochila, y un descenso final en slalom. Cada maniobra de transición es crucial, ya que la diferencia de tiempo entre los competidores puede ser mínima, lo que eleva la tensión en la competición.

El relevo mixto, por otro lado, consiste en equipos formados por un hombre y una mujer que alternan entre ascensos y descensos en un recorrido más complejo. Esta modalidad no solo requiere un alto nivel de resistencia, sino también una sincronización precisa entre los miembros del equipo. La competencia se intensifica especialmente en las zonas de transición, donde la rapidez en los cambios de material puede ser determinante para el resultado final.

El skimo se distingue del esquí alpino tradicional no solo por su enfoque en el ascenso, sino también por las técnicas específicas que exige en cada fase del recorrido. Mientras que el esquí convencional depende de telesillas, los esquiadores de montaña deben escalar utilizando su propio esfuerzo, lo que implica una preparación física rigurosa. La progresión en el ascenso requiere un alineamiento preciso de los esquís y una técnica adecuada en el manejo de los bastones, adaptando su altura a la inclinación del terreno.

Una de las maniobras más críticas en esta disciplina es la transición, donde los esquiadores deben cambiar rápidamente entre el uso de pieles y el descenso. Este proceso, aunque sencillo en apariencia, requiere una gran destreza y precisión para asegurar el éxito en la competición. Además, el skimo se ha consolidado como una de las disciplinas más completas y exigentes del ámbito invernal, siendo beneficiosa tanto para atletas de élite como para amateurs que buscan un reto diferente al esquí tradicional.

Entre los beneficios que aporta esta práctica, se encuentra la mejora de la resistencia cardiovascular y el fortalecimiento muscular. Los prolongados ascensos que caracterizan al skimo son un excelente ejercicio cardiovascular y contribuyen al equilibrio muscular, lo que resulta en un desarrollo físico integral. A medida que la disciplina gana popularidad, se espera que atraiga a más deportistas y aficionados, consolidándose como una opción destacada dentro del panorama deportivo invernal.

Lucas Ferrer Alarcón

Lucas Ferrer Alarcón

Periodista especializado en deportes olímpicos y competiciones de invierno. Cubre el esquí alpino, el patinaje artístico y las principales disciplinas del programa olímpico, con especial atención a la participación europea y española en los Juegos. Actualmente sigue los Juegos de Milano Cortina 2026 para OpiniónIbérica.

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