Los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 se desarrollarán en un contexto singular, ya que contarán con quince sedes ubicadas en ocho territorios diferentes. Entre los espacios destacados se encuentran el Curling Olympic Stadium, situado en Cortina d’Ampezzo, el Aerials & Moguls Park en Livigno, y el Santagiulia Ice Hockey Arena en Milán. La estrategia del Comité Olímpico Internacional (COI) es clara: maximizar la reutilización de las infraestructuras existentes.
Hasta el momento, se ha informado que el 85% de las instalaciones ya estaban construidas antes del inicio de estos Juegos. A pesar de esta situación, se ha decidido construir la pista de sliding en Cortina d’Ampezzo, con un coste estimado de unos 118 millones de euros, así como un arena de hockey, que requerirá una inversión de 300 millones de euros. Esta decisión subraya el compromiso del COI por adaptar las instalaciones a las necesidades actuales.
Aun cuando muchas de las infraestructuras estaban disponibles, algunas han sido objeto de remodelaciones significativas. Un claro ejemplo de ello es la pista Eugenio Monti, donde se llevarán a cabo pruebas de bobsleigh, skeleton y luge. Esta instalación, que fue sede de los Juegos Olímpicos de Grenoble 1968, ha sido completamente reconstruida para ofrecer unas condiciones óptimas para los atletas.
El Curling Stadium, originalmente construido en 1955 para los Juegos Olímpicos de 1956 en Cortina, también ha sido modernizado. La organización busca que estas renovaciones promuevan la innovación y mejoren la accesibilidad, garantizando así una experiencia cómoda para atletas, personal y espectadores. La intención es que estas instalaciones permanezcan en uso a lo largo del tiempo.
El COI ha manifestado su deseo de distanciarse de situaciones problemáticas del pasado, como los Juegos de Sochi 2014, donde se invirtieron 50.000 millones de euros y muchas de las sedes quedaron infrautilizadas años después, o los de Grenoble 1968, donde ciertas instalaciones no fueron adaptadas para un uso posterior. La nueva estrategia se enfoca en la sostenibilidad y el legado, priorizando el uso de sedes ya existentes en localidades como Milán, Cortina, Bormio, Livigno y Val di Fiemme.
Asimismo, se busca minimizar el consumo de recursos mediante la adaptación climática y promover la descentralización geográfica, abarcando una superficie de 22.000 kilómetros cuadrados. Este enfoque tiene como objetivo que el impacto económico de los Juegos se reparta equitativamente por toda la región, beneficiando a diversas comunidades locales.
Más allá del evento olímpico, una de las mayores preocupaciones radica en cómo mantener la actividad de las sedes una vez finalizados los Juegos. Las estaciones de Bormio, Livigno y Val di Fiemme ya han sido integradas en el calendario internacional, lo que facilitará la continuidad de competiciones y atraerá turismo deportivo. En Milán, el Santagiulia Ice Hockey Arena pretende consolidarse como un recinto permanente para hockey, patinaje y grandes eventos en interiores.
En Cortina d’Ampezzo, la pista Eugenio Monti deberá confiar en la celebración de pruebas internacionales y concentraciones para asegurar su uso regular tras 2026. La renovación de instalaciones emblemáticas como el Curling Stadium busca efectivamente garantizar una programación deportiva activa más allá del ciclo olímpico, sentando las bases para un uso sostenido de las infraestructuras.
El presupuesto operativo para los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 se sitúa en torno a los 2.000 millones de euros, una cifra que se considera moderada en comparación con ediciones anteriores, alineándose con la intención del COI de reducir costos mediante la reutilización de infraestructuras ya existentes.
Otro de los temas que preocupa al COI es el cambio climático. Un estudio realizado por los profesores Daniel Scott y Robert Steiger revela que, de 93 lugares de montaña que actualmente disponen de la infraestructura adecuada para deportes de invierno, solo 52 tendrían la nieve necesaria y las temperaturas adecuadas para albergar unos Juegos Olímpicos de Invierno en la década de 2050. Este escenario resalta la urgencia de tomar medidas para garantizar la viabilidad futura de los deportes invernales.





