La jornada del jueves en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina comenzó con una controversia significativa. El Comité Olímpico Internacional (COI) tomó la decisión de expulsar al atleta ucraniano de skeleton, Vladyslav Heraskevych, quien es también el abanderado de su país. Esta medida se debió a su negativa a renunciar al uso de un casco decorado con imágenes de deportistas fallecidos a causa de la invasión rusa en Ucrania. A pesar de haber sido advertido de las repercusiones de su decisión, el COI ejecutó su amenaza.
El Comité Olímpico Español respaldó esta decisión, emitiendo un comunicado para expresar su postura. En él, se afirma que «el COE respalda la decisión del COI, en consonancia con la normativa olímpica vigente y el marco de neutralidad que rige en todos los Juegos». Este ente, liderado por Alejandro Blanco, subraya que los Juegos Olímpicos son un espacio único para la convivencia y el diálogo, donde los atletas compiten en igualdad de condiciones y más allá de diferencias o conflictos.
El COI, en su comunicado, justificó la retirada de la acreditación de Heraskevych por el incumplimiento de un código que prohíbe expresiones políticas durante las competiciones. Esta decisión fue apoyada por el jurado de la Federación Internacional de Bobsleigh y Skeleton (IBSF). En un intento por mediar, la presidenta del COI, Kirsty Coventry, se reunió con Heraskevych, pero tras su negativa a aceptar «ningún tipo de compromiso», se optó por la expulsión.
La reacción de Ucrania no se hizo esperar. El ministro de Exteriores, Andrí Sibiga, criticó con dureza la acción del COI, afirmando que «el Comité Olímpico Internacional no ha vetado solo a un atleta ucraniano, sino a su propia reputación. Futuras generaciones recordarán esto como un momento vergonzoso». Esta declaración resalta la tensión existente entre la política y el deporte, especialmente en un contexto marcado por un conflicto bélico.
La controversia suscitada en torno a este incidente pone de manifiesto las complejidades que enfrentan los organismos deportivos internacionales a la hora de mantener la neutralidad en situaciones de conflicto. La normativa olímpica, que busca promover un espacio de competición libre de influencias políticas, se encuentra en tensión con las realidades geopolíticas actuales, donde el deporte se convierte en un campo de batalla simbólico.
Este episodio invita a reflexionar sobre el papel de los atletas y la función que desempeñan como embajadores de sus países. En un mundo donde la visibilidad de los conflictos armados se intensifica, la capacidad de los deportistas para expresar su identidad y sus preocupaciones se convierte en un tema crítico. A medida que se desarrollan los Juegos de Milán-Cortina, la atención estará centrada no solo en el rendimiento deportivo, sino también en las implicaciones más amplias que estos eventos pueden tener en la percepción pública y la política internacional.















