El panorama del fútbol sala europeo ha experimentado un cambio radical en el Arena Stozice de Liubliana. La selección española ha logrado conquistar su octava Eurocopa, marcando el fin de un periodo de dominio luso que se extendió por más de ocho años. Este triunfo no solo se traduce en un nuevo trofeo para el Gobierno de España, sino que también simboliza el renacer de una generación que, bajo la dirección de Jesús Velasco, ha logrado elevar al equipo a su antiguo esplendor.
El encuentro final enfrentó a los dos equipos más destacados del continente. Desde el inicio, España mostró su determinación con un juego intenso que rápidamente puso en aprietos a sus rivales. En tan solo dos minutos, la estrategia de Velasco dio sus frutos, colocando a la selección en una posición favorable con un primer gol que anticipaba una noche prometedora. Pablo Ramírez, en su papel clave como pivote, y Antonio combinaron esfuerzos para abrir el marcador. Posteriormente, José Raya aprovechó una recuperación para ampliar la ventaja, situando el 0-2 en el electrónico y haciendo temer lo peor a los portugueses.
A pesar de la desventaja inicial, Portugal, bajo la dirección de Jorge Braz, no se rindió fácilmente. Con su habitual agresividad ofensiva, consiguió igualar el marcador antes del descanso gracias a los goles de Afonso Jesus y Rúben Góis. La segunda parte se convirtió en un duelo entre los porteros, donde Dídac Plana y Bernardo Paçó desempeñaron papeles fundamentales. La tensión creció, y la contienda se intensificó con cada balón disputado, llevando a los portugueses al límite de las faltas, lo que España supo aprovechar.
El nombre que brilló con luz propia esta noche fue, sin duda, el de Antonio. El jugador del FC Barcelona firmó una actuación espectacular, anotando un ‘hat-trick’ que desbarató cualquier intento de remontada. Su segundo gol, desde el punto de doble penalti, permitió a España irse al descanso con ventaja. Ya en la segunda mitad, tras un nuevo empate conseguido por Pauleta, Antonio volvió a aparecer en el momento clave, culminando una jugada precisa con Cecilio y estableciendo el 3-4 definitivo.
La victoria final se selló con un gol de Adolfo, quien, al aprovechar los espacios dejados por una Portugal volcada al ataque, sentenció el partido con el 3-5. Este título no solo representa el primer gran éxito de Jesús Velasco al frente del equipo nacional, sino que también valida un proyecto que pretende devolver la competitividad y el carácter que siempre han definido al fútbol sala español.
Además del triunfo de España, la Eurocopa de 2026 dejó un nuevo orden en el medallero continental. En la lucha por el tercer puesto, Croacia sorprendió al vencer a Francia en un partido emocionante que finalizó 5-5 y se decidió en una emocionante tanda de penaltis (5-6). Este resultado refleja el crecimiento del nivel del fútbol sala en Europa, acercando a los equipos emergentes a las potencias tradicionales.
Con esta octava corona, España reafirma su posición de privilegio en la historia del torneo y envía un mensaje claro a los demás equipos de cara a futuras competiciones internacionales. La combinación de un enfoque táctico sólido, el talento individual de sus jugadores y la recuperación de la confianza perdida han colocado de nuevo a la Roja en el centro del fútbol mundial. El trono europeo, tras una década de espera, ha vuelto a ser reclamado por España, cerrando una herida que tardó años en sanar.








