El cambio climático se presenta como una amenaza directa para la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno. La escasez de nieve, junto con la necesidad de conservar los ecosistemas montañosos, que son especialmente vulnerables, plantea un desafío que se vuelve cada vez más complicado.
Según el Comité Olímpico Internacional (COI), se estima que para mediados de siglo, el número de ciudades que podrían albergar estos Juegos se reducirá a la mitad. Esta situación refleja una tendencia preocupante que podría afectar la viabilidad de estos eventos deportivos a largo plazo.
Las regiones montañosas, que tradicionalmente han sido el escenario ideal para los Juegos de Invierno, se enfrentan a un futuro incierto. La falta de nieve natural y el calentamiento global están alterando los patrones climáticos, lo que podría resultar en la cancelación de competiciones o en la necesidad de recurrir a soluciones artificiales que no son sostenibles.
Este panorama genera un debate sobre el futuro de los deportes de invierno y la responsabilidad que tienen los organizadores para garantizar la sostenibilidad de los eventos. Es fundamental que se implementen medidas efectivas para mitigar el impacto del cambio climático en estas áreas y proteger tanto el medio ambiente como el legado deportivo.








