Durante la dirección de Antonio Díaz-Miguel, la selección masculina de baloncesto de España logró un hito al obtener la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles en 1984. Este equipo contaba con figuras destacadas como José Antonio Corbalán, Fernando Romay y el prometedor Fernando Martín, quien lamentablemente falleció en 1989 a los 27 años. Junto a ellos, también jugaban Juan Manuel López-Iturriaga y otros notables como Josep Maria Margall y Andrés Jiménez.
El éxito de 1984 desató un gran interés por el baloncesto en España. Las transmisiones radiofónicas comenzaban a destacar cada vez que un jugador anotaba un triple, siendo Charlie López Rodríguez una figura emblemática en este fenómeno. Cuatro años más tarde, la selección intentó repetir la hazaña, pero fue eliminada en cuartos de final por Australia, pese a los 28 puntos anotados por Andrew Gaze.
En paralelo, el baloncesto en Portugal, aunque incipiente, contaba con dos talentos excepcionales en el Benfica: el escolta caboverdiano Carlos Lisboa, reconocido como el mejor jugador del país, y Jean-Jacques, un ala-pívot de origen congoleño que, nacionalizado angoleño, destacaba por su habilidad para realizar mates impresionantes.
Jean-Jacques fue fichado por el Benfica en 1988 y, tras acumular una impresionante trayectoria en el equipo y ganar múltiples títulos, se trasladó al Limoges en 1996. En los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, España comenzó de manera desafiante, perdiendo ante Alemania y Brasil, y enfrentándose a la necesidad de una victoria contra Angola en la cuarta jornada para avanzar.
El 31 de julio de 1992, España se enfrentó a Angola, donde sufrió una dura derrota por 63-83. Este partido fue recordado por la brillante actuación de Conceição, quien anotó 22 puntos y fue crucial en la victoria angoleña. La caída del equipo español fue un golpe duro que llevó a la destitución de Díaz-Miguel tras los Juegos.
Después de su paso por el Benfica, Conceição continuó su carrera en Limoges y tuvo un breve periodo en la ACB con Unicaja durante la temporada 1999-2000, donde promedió 5,2 puntos y 5,1 rebotes. Al finalizar su carrera, fue reconocido por su contribución al baloncesto, siendo elegido como el «Jugador Más Valioso» de la historia en África y más tarde ingresó al Salón de la Fama de la FIBA.
Con el paso de los años, ha trabajado en el desarrollo del baloncesto en Angola. En una reciente intervención, afirmó que «ahora se están haciendo las cosas bien después de muchos años en los que el baloncesto no ha funcionado». Conceição ha mostrado optimismo sobre el futuro del baloncesto en su país adoptivo, resaltando el potencial físico de los jugadores angoleños y la importancia de una formación adecuada.
Hoy en día, Conceição continúa su labor de mentoría, ayudando a las nuevas generaciones de talentos en Angola. Su legado no solo se basa en sus logros en la cancha, sino también en su compromiso con el desarrollo del baloncesto en África, lo que lo convierte en una figura emblemática en la historia del deporte.




