Ana Alonso ha alcanzado un nuevo hito en su carrera al obtener su segundo bronce en los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en Milán-Cortina d»Ampezzo. Esta medalla, sin embargo, llegó con un sabor agridulce, en comparación con la prueba individual que llevó a cabo dos días antes.
La esquiadora granadina enfrentó una serie de imprecisiones que le pasaron factura en la prueba por relevos, donde su compañero Oriol Cardona tuvo que esforzarse al máximo para compensar las penalizaciones acumuladas. Este esfuerzo fue necesario debido a las limitaciones que la granadina mostró tras un intenso esfuerzo en la prueba individual.
Ana se mantuvo en el grupo de cabeza, luchando por no quedarse atrás de competidoras como Harrop y la suiza Marianne Fatton. A pesar de algunos contratiempos en las transiciones, logró escalar posiciones, llegando a ocupar la segunda posición tras un cambio rápido que le permitió dejar atrás a sus rivales.
En la última parte de la prueba, Ana se enfrentó a una intensa batalla por mantener su puesto, ya que Fatton y Harrop disputaban la delantera. A pesar de su esfuerzo, la granadina no pudo evitar ciertos errores que le costaron el tercer lugar, finalizando en una decepcionante quinta posición.
Cardona, por su parte, mostró un gran espíritu competitivo y, bajo la dirección de su entrenador Javier Argüelles, se esforzó al máximo para asegurar que España estuviera en el podio. Mostró una determinación admirable, a pesar de las imprecisiones que le llevaron a recibir una tarjeta amarilla.
Al final, España logró colarse en el podio con una diferencia de 27 segundos sobre Estados Unidos, lo que convirtió este momento en una victoria significativa para el equipo. La historia de Ana Alonso, marcada por su reciente accidente mientras entrenaba, se ha consolidado como un símbolo de perseverancia en el deporte español.






















