Los recientes temporales en Cataluña han llevado a miles de rascacielos a estar en riesgo por los intensos vientos, mostrando cómo las corrientes de aire impactan en estos edificios altos. La denominada «carga de viento» provoca fuerzas laterales, torsiones y vibraciones que aumentan con la altura, poniendo a prueba la resistencia de las estructuras urbanas.
La situación actual, con vientos que han causado incidentes como trenes detenidos y vuelos cancelados, es la más severa que se ha vivido en la región en los últimos años. Este fenómeno meteorológico demuestra por qué el viento es un factor crucial en el diseño de rascacielos y edificios altos en todo el mundo.
La presión ejercida por el aire en movimiento sobre un edificio, conocida como «carga de viento», genera empujes laterales y vibraciones. En edificios de menor altura, estos efectos son manejables, pero en rascacielos, la situación se complica. A medida que aumenta la altura, también lo hace la velocidad del viento y la superficie expuesta, lo que puede traducirse en toneladas de esfuerzo horizontal en las plantas superiores.
Cuando el viento golpea un edificio, las ráfagas pueden provocar torsiones si impactan de manera desigual, generando vibraciones que coinciden con la frecuencia natural del edificio. Este ciclo puede llevar a la fatiga de la estructura a lo largo del tiempo. Aunque no se ha documentado que un rascacielos moderno haya colapsado por el viento, ha habido casos donde errores de diseño han puesto edificios en situaciones críticas.
Un ejemplo notable ocurrió en 1978 con el Citigroup Center en Manhattan, que tuvo que ser reforzado de manera urgente tras descubrir que no podía soportar vientos diagonales. Para enfrentar estos desafíos, la ingeniería contemporánea ha implementado núcleos rígidos de hormigón que funcionan como columna vertebral, estructuras tipo tubo que distribuyen el esfuerzo, y amortiguadores de masa en las plantas superiores que ayudan a mitigar el balanceo.
Las normativas actuales exigen que se calculen no solo la resistencia de los edificios, sino también los desplazamientos y el bienestar de los ocupantes en función de la velocidad del viento en cada área. Sin embargo, aún existen edificaciones emblemáticas que no cumplen con estos estándares, como el edificio Walkie Talkie de Londres, que genera problemas de seguridad vial debido a su forma, creando un efecto túnel que puede derribar peatones.
A pesar de los avances en la ingeniería, los elementos no estructurales como fachadas, vidrios, y equipos en azoteas continúan siendo vulnerables. Un objeto mal asegurado puede convertirse en un proyectil durante una racha intensa de viento, lo que convierte cada vendaval en una prueba para el diseño urbano y la seguridad de los edificios.





