Recientemente, Cataluña ha sido azotada por vientos extremos que han puesto en evidencia cómo estas corrientes de aire afectan a los rascacielos y edificios altos. La «carga de viento» que se ejerce sobre estas estructuras genera una serie de esfuerzos laterales, torsiones y vibraciones que aumentan con la altura, lo que pone a prueba la resistencia de los edificios.
Los ingenieros han implementado diversas soluciones para mitigar estos efectos. Se utilizan núcleos rígidos de hormigón y estructuras tipo tubo, además de amortiguadores de masa que ayudan a reducir el balanceo en las plantas superiores de los rascacielos. Sin embargo, los elementos no estructurales, como fachadas o antenas, siguen siendo vulnerables durante temporales, convirtiéndose en potenciales proyectiles.
Los vendavales de esta semana han demostrado por qué el viento es un factor crucial en el diseño de rascacielos en todo el mundo. Con ráfagas capaces de detener trenes y cerrar parques, la situación en Cataluña ha sido considerada la más severa en los últimos 15 o 20 años. La misma fuerza que arranca ramas y derriba andamios en la calle se multiplica a medida que se eleva, impactando directamente en las fachadas de los edificios.
La presión del viento sobre un edificio, que provoca empujes laterales y vibraciones, se intensifica en los rascacielos. Mientras que en edificios bajos estos esfuerzos son relativamente controlables, en alturas significativas, la situación es mucho más compleja. Un temporal que en la calle causa daños menores puede traducirse, a 150 o 200 metros de altura, en toneladas de esfuerzo horizontal en las plantas superiores.
Las ráfagas de viento que intentan «volcar» la estructura pueden provocar torsiones si impactan de manera desigual, y si coinciden con la frecuencia natural del edificio, desencadenan vibraciones que pueden afectar el confort de los ocupantes en las plantas más altas. Aunque no se ha registrado el colapso de un rascacielos moderno por la fuerza del viento, errores de diseño han llevado a situaciones de riesgo extremo, como ocurrió en 1978 con el Citigroup Center en Manhattan, que tuvo que ser reforzado de emergencia.
La ingeniería actual ha desarrollado estrategias para enfrentar estos desafíos. Los núcleos rígidos de hormigón funcionan como la columna vertebral de los edificios, mientras que las estructuras de tipo «tubo» distribuyen el esfuerzo de manera más efectiva. Además, las normativas urbanas actuales exigen calcular no solo la resistencia, sino también los desplazamientos y el bienestar interior en función de la velocidad del viento esperada.
A pesar de estos avances, aún existen edificios emblemáticos que no cumplen con las normativas, como el famoso edificio Walkie Talkie de Londres, que crea un «efecto túnel» que puede resultar peligroso para los peatones. Por tanto, cada vendaval se convierte en una prueba de resistencia tanto para las ciudades como para el diseño arquitectónico de sus edificios.





