Las calles de varias ciudades europeas están experimentando un cambio notable en su iluminación. En los últimos meses, el alumbrado convencional ha sido reemplazado por luces de color rojo, especialmente en lugares como el Reino Unido y Dinamarca. Esta transformación no responde a motivos estéticos, sino a recomendaciones científicas que subrayan los efectos perjudiciales de las luces tradicionales en la fauna y la salud humana.
Un estudio titulado «Impacts of Artificial Light at Night on Biological Timings», realizado por los investigadores Gaston KJ, Davies TW, Nedelec SL y Holt LA, ha examinado cómo las luces artificiales de tonos blancos o amarillos influyen en la vida cotidiana. Aunque las bombillas LED son conocidas por su eficiencia, emiten una cantidad excesiva de luz de onda corta que puede dispersarse y alterar los ritmos biológicos de múltiples especies.
La luz azul, que proviene del sol y de dispositivos como pantallas y bombillas LED, es particularmente dañina. La exposición prolongada a esta iluminación interfiere con los ritmos circadianos, el reloj biológico interno que regula el sueño, la producción hormonal, la temperatura corporal y el metabolismo. Esta confusión puede llevar a problemas de fatiga crónica y trastornos del sueño, ya que el cerebro interpreta erróneamente que es de día durante la noche.
Por otro lado, la investigación de la National Library of Medicine ha puesto de manifiesto los beneficios de la luz roja. Este tipo de iluminación, con una longitud de onda más larga, no altera las hormonas humanas y promueve un sueño más reparador y natural. Además, esta luz roja podría ser beneficiosa en el hogar, ya que impediría que la luz blanca se filtrara por las ventanas, afectando los ciclos de sueño.
En España, el debate sobre el cambio de iluminación ha comenzado a cobrar relevancia en foros relacionados con medio ambiente y urbanismo. La gran biodiversidad del país podría beneficiarse enormemente de esta nueva forma de alumbrado. Sin embargo, también surgen retos culturales y de percepción entre los ciudadanos. La luz roja puede provocar una menor agudeza visual, generando una sensación de inseguridad al distinguir colores o medir distancias.
En Dinamarca, se han llevado a cabo iniciativas pedagógicas para educar a la población sobre las ventajas de la luz roja, enfatizando que esta no implica menos seguridad, sino una mejora en la calidad de vida y del entorno. La transición hacia un alumbrado rojo está diseñada para recordar que la noche debería ser oscura, permitiendo que los ritmos circadianos de las especies se mantengan intactos.





