La mecánica cuántica ha cambiado radicalmente nuestra comprensión del universo, introduciendo la probabilidad como un componente esencial. Este nuevo enfoque contradice la visión determinista que prevalecía en el siglo XIX, donde todo parecía predecible.
Albert Einstein expresó su desacuerdo con esta idea en 1926, afirmando que «Dios no juega a los dados» en una carta dirigida a Max Born. En ese momento, la ciencia creía que conociendo la posición y velocidad de todas las partículas, se podrían predecir el pasado y el futuro con precisión, tal como lo planteó Pierre-Simon Laplace.
Sin embargo, la revolución cuántica, defendida por Born, sostiene que no es posible determinar el resultado de un sistema hasta que se observa. Esta perspectiva fue vista por Einstein como una señal de que la teoría cuántica estaba incompleta, sugiriendo que debían existir «variables ocultas» que dictaran el resultado de las mediciones.
Esta controversia filosófica se intensificó en 1964, cuando John S. Bell abordó el problema con su teoría de las desigualdades, que permite poner a prueba estas ideas mediante experimentos. Para ilustrar este concepto, imaginemos a dos científicos, Cristina y Juan, que utilizan monedas cuánticas para investigar la existencia del azar en la naturaleza. A diferencia de las monedas tradicionales, estas monedas tienen resultados que pueden depender de la orientación del lanzador.
Cuando ambos lanzan sus monedas, la correlación entre sus resultados puede indicar si el azar es real o simplemente aparente. Si el mundo es verdaderamente determinista, deben cumplirse ciertas desigualdades en sus resultados. Sin embargo, si los resultados no se ajustan a estas desigualdades, se sugiere que el determinismo de Einstein es incorrecto.
Las desigualdades de Bell, demostradas experimentalmente, indican que en sistemas cuánticos entrelazados, como los fotones, los resultados no cumplen con el determinismo defendido por Einstein. Estas pruebas, que llevaron a premios Nobel recientes, sugieren que efectivamente «Dios juega a los dados».
A pesar de que la evolución temporal en mecánica cuántica es determinista, la aleatoriedad surge al observar un sistema. Este fenómeno también se puede aplicar a procesos naturales, como la desintegración de partículas. Así, el futuro no está escrito y puede depender de eventos aleatorios.
Sin embargo, existen teorías que intentan restaurar el determinismo, como la mecánica bohmiana, que es determinista pero no local. Otra opción, más filosófica, es el superdeterminismo, que sugiere que todo, incluidas las elecciones de los científicos, estaba predeterminado desde el inicio del tiempo.
Juan Antonio Aguilar Saavedra, investigador en el campo de la física de partículas, destaca la complejidad de estos temas y la necesidad de seguir explorando las implicaciones de la mecánica cuántica.





